miércoles, 21 de noviembre de 2007

Los amigos contagiados

Hola a todos:
Hace ya algunos meses, en el blog de Paulo Coelho, estuvimos hablando sobre la envidia. Casi todos coincidíamos en que es un mal común y parte de la errónea concepción de la vida como una comparación con las de los demás. Envidiamos lo que tienen los que nos rodean, sin detenernos a valorar toooodo lo que existe en las nuestras.
Y poco tiempo después, cuando tuve la oportunidad de asistir a la fiesta de Paulo en Puente la Reina, un amigo a quien admiro y respeto profundamente me dijo algo que me hizo pensar bastante. Me decía que se alegraba de la oportunidad que tenía por asistir, que se alegraba de verme feliz, y después me dijo "los buenos amigos saben compartir también las alegrías".
Confieso que en aquél momento no le entendí muy bien, no me pareció que el comentario tuviera mayor importancia, pero con el tiempo, tras mucha reflexión he comprendido que sólo algunos de los que llamamos amigos, tal vez sean los únicos que merecen ese nombre, se contagian de nuestra alegría, se contagian de nuestra felicidad.
Porque, echando la vista atrás, me doy cuenta de que en mi vida, en los momentos malos, se filtraron ya algunos amigos, pero mucha gente supo estar a mi lado. El dolor conmueve a todos, o a casi todos, ofreces tu hombro al amigo dolorido, al desahuciado, al que tan malos momentos vive... y eso es un acto de amor, evidentemente.
Pero en los momentos alegres, felices... cuantos de esos llamados amigos se alegran realmente contigo? cuantos de ellos no envidian tu suerte? cuantos se destapan en ese momento? La mayoría.
Nadie envidia la suerte del desafortunado, del viudo o del angustiado... por eso poner el hombro resulta más fácil que compartir los momentos felices de los demás, porque muchos de aquéllos hombros pensarán... por qué no me tocó esta vez a mí esa conspiración favorable del universo, si yo también la soñaba?
Hoy me gustaría ser capaz siempre de corresponder a esos amigos que disfrutaron conmigo de mi viaje a Pamplona, de los que se alegraron cuando les conté que de nuevo alguien ocupaba especialmente mis sueños, de los que simplemente se alegran cuando me ven feliz. Espero siempre estar a su altura.
Y ahora, muchísimos besos a todos esos AMIGOS que dan sentido al concepto de amistad.

3 comentarios:

Luis Miguel dijo...

A las personas, bueno, a sus egos lo que les gusta es siempre sentirse reforzados, aumentados, elogiados. Sentirse importantes, ¿y qué mejor manera que ayudando a los otros cuando pasan un mal momento? Y mismo así sólo durante un ratito, porque más que eso ya cansa. Pensamos:
"Pobrecillo, qué mal lo está pasando. Voy a darle un poco de mi maravillosa y generosa ayuda. Mira como sufre. Qué suerte tiene de tener a alguien como yo para ayudarle. Es que amigos así... es que soy magnífico... es que yo...."
¿Y qué pasa cuando el amigo le está pasando algo maravilloso?
Pues que no podemos compararnos, no podemos engrandecernos, y encima posiblemente salgan a la luz nuestros defectos y carencias.
Voy a contar una anécdota personal. Cuando me casé, cuando celebré el bautizo de mi primer hijo hice exactamente lo mismo, organicé entre mis invitados un gran revuelo. Gente que "debía" asistir no fue convidada, y otros a los que apenas conocía estuvieron allí.
¿Qué había pasado?
Pues que tuve cuidado de elegir muy bien en función de las respuestas que obtuve cuando les hice saber de mi compromiso.
Hubo quien decía "enhorabuena", "me alegro" y cosas del estilo. Pero fueron pocos. La gran mayoría me dijo "no sabes donde te metes", "se te acabó la libertad", "qué miedo", etc, etc...
A estos últimos no les invité, aunque mi decisión levantase ampollas, e hiciese que mis invitados fueran muchísimos menos que los de la parte de mi esposa.
Y es que ese día quería estar sólo con aquellos allegados que sabía que iban a disfrutar conmigo. Los demás, pese a quien le pese, sobraban.
Gracias a todos, de todas formas, amigos y conocidos, por estar ahí fuera.

mariola dijo...

Sí, sí debió levantar ampollas, y muchas.
Siempre he admirado tu convencimiento en las cosas, lo que piensas, lo que sientes y lo que haces.
Yo, he ido sacando de mi lista a muchos amigos, pero seguramente, no encontraría valor para hacer una selección en esas condiciones y terminaría invitando a esos que se supone que debes invitar.
De todos modos, siempre tuve claro que, aunque quiera a muchas personas, amigos de verdad, AMIGOS con todas las letras, se pueden contar con los dedos de una mano.
Muchos besos a todos.

Pedro dijo...

Tanto tu texto, Mariola, como el comentario de Luis Miguel me han hecho reflexionar mucho sobre el valor de la verdadera amistad.
Es cierto que hay muy pocas personas capaces de compartir sinceramente las alegrías ajenas. También a mí me ha ocurrido muchas veces, inconscientemente. Solemos pensar: "es feliz, no me necesita". Un grave error que espero corregir en el futuro.
Gracias por poner de nuevo un pequeño rayo de luz en mi mente.
Un abrazo a los dos.