sábado, 24 de noviembre de 2007

El final del camino

Hola a todos:
Un amigo mío me dijo una vez que si conociera el final de mi camino sería porque estaría muerta. Lo pienso, lo razono y tengo que reconocer que es una gran verdad.
Pero por mucho que mi cabeza pensante reconozca que es cierto, no dejo de tener mil y una dudas en el recorrido, nunca sé si he tomado la dirección correcta.
Claro que nadie tendrá esa certeza, porque andar es rectificar el sentido una y otra vez, intentando no perder la dirección... pero y cuando no tienes clara ni siquiera la dirección? porque a veces ocurre, por lo menos a mí.
Nadie me dijo nunca que el camino fuera una línea recta, ni llana, tal vez fue mi imaginación la que me hizo verlo así. Cuando el camino se corta y debes salvar un abismo... a quién no le asaltarían las dudas? Cuando te enfrentas a una gran pendiente con un suelo resbaladizo... quien no teme la caida?
Cuando llegas a las bifurcaciones? Voy por la derecha, la izquierda? mejor por el centro? busco las señales, pero alguien debió quitarlas porque no están...
Cómo superar esas dudas? No creo que exista una fórmula universal, volvemos a lo de siempre. Lo que tu experimentaste a mí no me sirve, lo que yo experimento no te servirá a tí.
Creo que en la mayoría de los casos, ante los abismos, las seguras caídas, las bifurcaciones, algo dentro de tí te dice cual es la mejor opción, o me paro a pensar, a esperar que ese algo dentro de mí me hable y me oriente.
Esa voz interior a veces me hace saltar al vacío, no para llegar a mi destino, sino para que aprenda a saltar, a caerme y volver a levantarme, a saber orientarme mejor.
Pero como ya dije alguna vez, mientras me alegre la vida andar, saltar y seguir adelante... mientras no tenga una excesiva prisa por alcanzar, que me impida ver los pasos que doy... no hay camino, ni dudas en él, que me vayan a detener mas tiempo del necesario para llenar de aire mis pulmones... y seguir adelante.
Las veces que salté y caí al vacío, las veces que me equivoqué y elegí la opción errónea, todas mis caídas me enseñaron que, de una forma o de otra, por el camino más largo o el más corto, al final siempre llegamos a donde nos hemos propuesto, si no detenemos el paso.
Y ahora... muchísimos besos a todos los que no se cansan de andar.

2 comentarios:

Pedro dijo...

Hola Mariola. Me gustó tu reflexión. El camino no es recto, ni fácil, ni llano, ni está señalizado, ni es uno, ni tiene fin, ni se puede copiar... Pero sí que se puede elegir, y sólo en nosotros está el hacerlo bien.
Blogs como este ayudan en esa elección tan difícil.
Un abrazo.

Luis Miguel dijo...

Andar dando un paso de cada vez, disfrutando del paisaje, del calor del Sol, y por qué no, del fresco del atardecer. De la magia de la noche y de sus sonidos. A veces las personas nos convertimos en una pantomima y hacemos cosas como aquellos que iban en un autobús paseando por un hermosísimo paraje. Pero el problema es que viajaban con las cortinillas todas bajadas y discutiendo a ver quién de los presentes merecía recibir más aplausos, quién era el mejor parecido, quién debía ser el jefe del grupo, y todo eso que ya sabemos...