viernes, 23 de mayo de 2008

Fe y Amor.

Un saludo a todos de todo corazón.
Es bien sabido que para comenzar un camino espiritual, sea éste cual fuere, son necesarias sólo dos cosas: Fe y Amor.
"Eso es fácil", he oído muchas veces.
Pero lo que pocas veces me han preguntado es: "¿Qué tipo de Fe? ¿Cómo que Amor?"
Dicen que un párroco, paseando por las lindes de su comarca, resbaló y cayó por un barranco. Afortunadamente tuvo los reflejos suficientes como para agarrase a la raíz de un viejo árbol que apenas sobresalía de una de las rocas, así que quedó colgando del precipicio incapaz de subir y mucho menos de bajar. "¿Hay alguien ahí?" - gritó desesperado -.
- Sí hijo mío - dijo una voz solemne que parecía venir de todas partes -. Soy el Señor tu Dios. No debes preocuparte. Simplemente suéltate, déjate caer, que enviaré una hueste de mis ángeles que te cogerán antes de que sufras el más mínimo de los daños.
El párroco sudoroso caviló unos segundos. Con voz trémula respondió:
- Vale, vale, pero... ¿hay alguien más?
La Fe que se necesita implica confianza, pero no ceguera. Cuando aceptamos un maestro confiaremos que estará capacitado para, si acaso, orientarnos en nuestro camino. La Fe irá creciendo sin embargo gracias a nuestros logros, a nuestra experiencia directa y mente crítica. El maestro nos podrá señalar dónde está la fruta, y a nosotros, buscadores, nos compete el acto de probarla, saborearla, y decidir en consecuencia.
¿Y el Amor?
Dos monjes célibes se disponían a cruzar un riachuelo. Una lozana moza les pidió ayuda, ya que no sabía nadar. Uno de ellos, sin vacilar, la cogió entre sus brazos y la cruzó a la otra orilla. Los viajeros continuaron su camino. Varias horas después, el otro monje estalló de rabia e increpó a su compañero: "¿Cómo has podido hacer eso? Coger a una mujer semi desnuda en brazos, rozar su cuerpo contra el tuyo de esa manera... Has infringido nuestro código de pureza... verás cuando se entere el maestro..."
-Querido hermano - respondió el joven monje con benevolencia -. Hace varias horas que dejé a aquella joven a la orilla del río. Sin embargo me apena comprobar que tú continúas cargando con ella.
El Amor es entrega sin contaminación, sin valoración ni juicio. Es como la sombra del árbol que alivia tanto a justos como a pecadores. Como la fragancia que nos regala la rosa, sin preguntarse si somos buenos, malos, de tal raza o tal otra. Si nacimos aquí o allá. Simplemente nos otorga su perfume, porque ésa es su función... con Amor.
Gracias a todos por estar ahí fuera.

4 comentarios:

Pedro dijo...

Cada uno de tus textos son un paso más en mi camino. Estos sabios consejos son una luz dentro de las tinieblas que no podrá nunca pasar desapercibida en mi sinuoso camino sin rumbo fijo.
Gracias y un fuerte abrazo.

Luis Miguel dijo...

Gracias amigo Pedro por tus palabras y tu apoyo. Como sabes defiendo que las personas nos expresamos al exterior con la intención de comunicarnos primero con nosotros mismos. Me alegra muchísimo el saber que mis cavilaciones pueden ser de alguna ayuda.
Un saludo muy especia a Mariola, que está viviendo una época estupenda de su vida. Que puedas vivir el amor, paz y alegría, y que el sufrimiento pase de largo.
Estáis siempre en mis bendiciones y oraciones.

mariola dijo...

Muchas gracias Luis Miguel.
Es cierto que estoy viviendo un momento muy especial en mi vida, pero lo sorprendente es darme cuenta de que lo especial, en realidad, es mi forme de vivirlo mas que lo que realmente está ocurriendo.
Muchísimos besos a todos

Luis Miguel dijo...

Quizá uno de los problemas fundamentales que tenemos a la hora de desarrollar estos temas sea el propio lenguaje. Palabras como fe y amor conllevan demasiados significados y connotaciones prefijadas. Pero si designáramos palabras nuevas...quizá no nos haríamos entender con suficiente claridad.