
sábado, 28 de abril de 2012
SER COMPASIVO

viernes, 27 de abril de 2012
ALUMNO PREPARADO

jueves, 26 de abril de 2012
ESTOY INDIGNADO
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miércoles, 25 de abril de 2012
PROPÓSITO
Usted decide.

martes, 24 de abril de 2012
ENCONTRANDO A BLAKE
Pero como digo esto es usar pobremente el poder de su Imaginación. Es dar algunas pinceladas con una brocha demasiado gorda y con pinturas muy oscuras.
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lunes, 23 de abril de 2012
SEAN FELICES
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domingo, 22 de abril de 2012
FRACASO
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sábado, 21 de abril de 2012
LIBERANDO APEGOS
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viernes, 20 de abril de 2012
USTED ESTÁ VIVO
Un saludo a todos de todo corazón.
En el post de ayer hice hincapié en una cita de Mark Twain que hablaba del significado del amor incondicional.
Hoy me gustaría hablar de un sentimiento parecido al amor. Sólo que este amor no es un proceso mental que pueda ser provocado. Por supuesto no me estoy refiriendo a los estados amorosos cotidianos que muchas veces tienen que ver más con el deseo, casi siempre físico, más que con el significado que me he propuesto desentrañar.
Este amor es una base que llevamos “de fábrica”. Si miras a un bebé a los ojos sabrás exactamente a lo que me refiero. El bebé se encuentra satisfecho por sí mismo. Siente un gozo interior sin necesidad de artificios. Cuando aparece en él una necesidad se encarga inmediatamente de hacerlo saber (a nosotros y, a menudo, al resto del vecindario).
Por eso podíamos llamar a este sentimiento: amor interno. Porque lo llevamos dentro, grabado en nuestra consciencia. No se provoca con nada. Simplemente está ahí. Y aparece cuando se le permite hacerlo; cuando no estamos ocupados con otras cosas tan importantes como lamentarnos de nuestro pasado y asustarnos con el futuro.
Tiene mucho que ver con el estado de Conexión del que hablé hace unos días. De hecho dejaré que usted mismo resuelva esta relación.
Por decirlo de otra manera distinta, es sentir el gozo de estar vivo por el mero hecho de estarlo. Y aunque ahora parezca difícil de entender (sobretodo si nunca lo ha sentido), es independiente de las situaciones a su alrededor.
¡Incluso en momentos de pérdidas, ya sean personales o materiales, esta sensación de gozo vital puede acompañarle!
Piense en su cuerpo como un universo en sí mismo. Es un sistema complejo de células vivas, cada una de ellas trabajando, alimentándose, reproduciéndose. En usted hay una media de 60 billones de seres vivos, cada uno sintiente y reactivo. Y agradecido también.
Toda esa vida la lleva consigo allá donde va. De hecho, y aquí hay un descubrimiento importante, no hay diferencia entre estas células y usted mismo. No son aparte suya, ¡son usted! No existe una barrera en donde acaban las células, los órganos en los que se organizan o los sistemas de trabajo (como el sistema circulatorio) y usted.
Esta relación íntima, por darle algún nombre, queda palpable en los ejemplos que siguen:
1. Cuando usted tiene (o mejor cuando cree que experimenta) un gran problema células de su estómago empiezan a trabajar más de la cuenta. Su exceso en la creación de ácidos y la alteración de las células de barrera y protección de su estómago desembocan con el tiempo en una úlcera.
2. Se enfrenta a una prueba deportiva. Minutos antes se relaja y visualiza con detalle lo que tiene intención de hacer. No deja margen a la duda. Siente la emoción y disfruta del logro como si ya lo hubiese conseguido. Aprovecha y, antes de comenzar la prueba, agradece a las células del cuerpo su contribución y trabajo durante los meses anteriores de duro entrenamiento. Realiza su prueba y ¡obtiene un gran resultado!
No son ejemplos que le deban sorprender. Seguro que de alguna manera u otra ha experimentado momentos parecidos.
No es que el cuerpo le escuche. Es mucho más que eso. Ambos son lo mismo, interdependientes. De hecho, si las células de su cuerpo deciden amotinarse, reproducirse en exceso y de forma anárquica, atacando a las demás todavía fieles… le llamamos cáncer.
Es el momento de ofrecerle un pequeño ejercicio.
Siéntese cómodamente. Si es posible en un espacio donde puede disfrutar del silencio. Pero si no es así también puede salir a dar un paseo por un parque, sentarse en un banco, o incluso disfrutarlo en su cafetería favorita.
Permanezca un momento en paz, en calma y en silencio disfrutando de lo que el paisaje tenga que ofrecerle. Si está en una habitación deje que los sonidos del ambiente aparezcan y desaparezcan sin dejar huella. Si está en un ambiente en silencio, disfrute de ese silencio. Es importante estar atento de forma que los pensamientos no le lleven al pasado o al futuro. Manténgase en el presente del lugar donde se encuentre.
Después de un espacio de tiempo pequeño, de unos tres a cinco minutos, concéntrese en las sensaciones del cuerpo. Empiece por sus pies y vaya subiendo por el resto de su organismo. Si tiene conocimientos suficientes, haga paradas en todos los sistemas que recuerde, como los su vejiga, intestinos, corazón, etc, etc. Hágalo en orden de ascendente para que le sea más fácil de hacer y de recordar. Al principio agradezca a cada parte el trabajo que realiza, luego déjese llevar por las sensaciones que le transmita. No es un ejercicio que le deba llevar mucho tiempo.
Cuando termine su recorrido sienta la vida a nivel global en todo el cuerpo. No es un objeto, no es su propiedad, es usted mismo. Sea una vibración, un hormigueo o un gozo que poco a poco se va apoderando de usted, disfrute de este momento el mayor tiempo que le sea posible.
¡Acaba de sentirse vivo quizá desde hace mucho!... ¡Chán, chán!
Cuanto más haga este ejercicio, no sólo le será más fácil hacerlo. Sino que podrá pasar de ir parte por parte a agradecer y sentir su gozo interior en el momento que lo necesite. ¡Incluso la mayor parte del día si es su deseo!
Así podremos acabar con la ilusión de la desesperación que nos produce la vida cotidiana a pasar a la gratitud y disfrute por el mero hecho de estar vivos.
Dejaremos a un lado la angustia de sentirnos un ser solitario, triste, y abandonado a pasar al goce compartido de billones de vidas agradecidas.
Vaya… ¿A qué está esperando?
Gracias a todos por estar ahí fuera (o ahí dentro) vivos… muy vivos
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jueves, 19 de abril de 2012
CONSPIRACIÓN
Un saludo a todos de todo corazón.
Una persona anónima ha hecho dos comentarios en dos post distintos pero presentándome la misma queja. Así que voy a contestarle desde aquí. Los comentarios no los he publicado.
Querida amiga:
Te quejas sobre la influencia que el entorno te ha provocado. Dices que eras una persona normal, comunicativa, fuerte e independiente. Pero que un día todos los demás empezaron a comportarse distinto contigo. ¿Todos como en una conspiración? Y que después, justificándote en el cambio de los demás, tú también empezaste a cambiar.
No quiero equivocarme en esta valoración pero usando tus mismas palabras, me comentas:
“(…)empezaron a tener un comportamiento anómalo con ella a nivel social (…) de forma que no entendía lo que estaba pasando (…) los demás no cumplían con su parte, como si todo el mundo fuera responsabilidad suya (…) los demás estaban haciendo teatro para que se tomara las cosas como si fuera verdad (…)”
Estos son extractos del primer comentario en el que me cuentas la historia como “si le pasase a una amiga”.
En un segundo comentario de otro post dices:
“(…) cuando te encuentras a gente que empieza a hacer una representación a tu alrededor (…) acabas por no saber cómo comportarte (…) pues digas lo que digas no funciona (…) La cuestión es cómo hacer las cosas cuando no depende de ti (…) no me reconozco en la obsesión (…) en ver cómo la gente quiere controlarlo todo (…)”
Para empezar tengo la sensación de que tienes una obsesión (usando tus mismas palabras). Diga lo que te diga, creo que no voy a conseguir llegar a ti. Pero voy a explicarme de todas maneras pensando en que a algún otro lector pueda encontrar ayuda en mi humilde opinión. Recordemos que como tal, no es un dogma, es un comentario de otro ser humano que también puede estar equivocado. Dejando todo claro, empiezo:
Focalizas tu problema en los demás, en lo externo. Has creado una entidad, “los otros”, que conspiran de alguna manera cambiando su comportamiento con una finalidad misteriosa, pero que al final te provoca una serie de malestares y cambios de personalidad. “Falta de espontaneidad”, dicho por ti misma.
Aquí encuentro un problema, y usando la autoridad médica que poseo, creo que es un problema que necesita atención especializada. Sobre todo porque te amparas en esa “conspiración” para justificar tu comportamiento. Incluso te permites decir que cualquiera que viviese tu situación le pasaría exactamente lo mismo. Pero lamento decirte, siempre desde el respeto, que no es así.
Es cierto que las personas no somos seres independientes. Nos necesitamos los unos a los otros para poder sobrevivir. Además para ayudar a esta evolución hemos creado una serie de reglas como hacen los niños cuando se plantean un juego. Esas reglas o leyes, conforman las normas de comportamiento de cada cultura. Son las leyes, constituciones, impuestos, los mercados, las comunidades de vecinos, y toda la patulea necesaria para la convivencia.
Pero, aunque necesario, no debemos olvidar que nos se trata más que de un juego. De un concierto de derechos y obligaciones puestas en común, y como tales tienen recovecos, trampas y atajos. Eso está bien claro los cinco primeros minutos que pongas las noticias en el televisor.
Todo tiene un precio (infringir normas también)
Por eso como budista te recomiendo que siempre, en todo momento y lugar, actúes de la mejor (más amable, benigna y educada) manera posible con tus semejantes.
Porque de lo que se siembra se recoge, y si lo vemos desde un punto de vista práctico, prefiero acumular méritos que puedan beneficiar a todos (incluyéndome) SIN IMPORTARME UN PIMIENTO LO QUE LOS DEMÁS PIENSEN DE MI.
La enseñanza más profunda que existe en esta reflexión es que todo está en la mente.
Nadie sabe en realidad lo que los demás cargan en sus pensamientos. Y no es sano en absoluto tener la seguridad de que sí que lo sabemos. Me escribes: “Es muy perceptiva y capta verdaderamente las intenciones de los demás”. Eso no es posible, ¿entiendes? No existen esas certezas.
No puedo controlar lo que los demás piensan de mí. Ni siquiera me aventuro a intentar averiguarlo, porque no puedo y porque en realidad no tiene la menor importancia.
“Haz el bien y no mires a quien” es un viejo refrán que podemos aplicar en nuestra vida diaria porque además encierra una sabiduría milenaria.
¿Y los demás? Habrá que darles amor, no porque esperemos algo a cambio. No porque nos importe el “qué dirán”. Hacemos el bien ajeno porque elegimos el amor incondicional sobre otros tipos de comportamiento. Es una mezcla entre sabiduría y altas dosis de sentido común.
Sobre todo no olvides que tus opiniones, conspiraciones y malestares están únicamente en tu mente.
¿Cuál es verdadero significado del amor incondicional? Dijo Mark Twain: “el amor incondicional es el perfume que deja la rosa en la suela de tu zapato después de haberla pisado”.
Querida amiga anónima, si me permites una recomendación respetuosa, no busques el problema fuera de tu mente, no culpes a los demás por su comportamiento. Aceptar eso sería imprescindible. Luego buscaría ayuda profesional.
Gracias a todos por estar ahí fuera, y a ti amiga por comentar.
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CAMBIO EN LAS CLASES DE ESTE VIERNES 20
miércoles, 18 de abril de 2012
FE Y CONEXIÓN
Un saludo a todos de todo corazón.
Me gustaría hacer patente uno de los beneficiosos estados mentales que podemos disfrutar y muchos de nosotros hemos olvidado.
Ya sea porque la vida nos ha maltratado o porque simplemente no hemos sido educados de esta manera, se nos escapa el sentir la Fe espiritual.
Y se me ocurre llamarlo Fe espiritual, y tengo mucho cuidado de no darle tinte religioso alguno, porque, como pronto el lector comprenderá, se trata de algo universal al alcance de todos.
Por supuesto no me refiero a la falsa Fe de alguna religión que viene a decir: “Mira, esto no es demostrable, pero es Verdad. La tradición así lo dice, así que tienes que creerlo (a la fuerza)”.
No es éste el tipo de Fe del que pretendo escribir esta fresca mañana. Nada más lejos de mi intención.
Me gustaría aproximarle, si me lo permite, a la Fe que nace cuando experimentamos la conexión con el todo.
La mayoría de la gente asocia espiritualidad o religión a algún tipo de creencia ligada a la falsa Fe. Cuando alguien se le acerca y le informa de que pertenece a esta o aquella religión, o practica una forma de técnica espiritual, automáticamente se nos viene a la cabeza: “¿Y éste en qué cree?” “Estos son los que creen que el mundo es… que vendrá fulano y les salvará…”, ¿verdad?
Asociamos religión o espiritualidad a una creencia.
En realidad si examinamos etimológicamente el término religión (del verbo latino religare), viene a decir “volver a conectar”. ¿Con qué? Con la realidad. Aunque usted después llamará a esa realidad “dios”, “energía”, “ser”, “naturaleza búdica”, “mente clara”, “atman”, o de la manera que su cultura le haya enseñado a llamarlo.
Pero como he dicho antes, lo hará por creencia, por tradición o por obligación, no porque en verdad haya entrado en contacto con aquello.
¿Y cómo podemos “conectar”?
Es la pregunta del millón.
Pero si me permite ser un poco juguetón, que no evasivo, le voy a plantear ejemplos de situaciones de su vida que es posible que haya podido sentir la “conexión”.
Los niños tienen una capacidad muy superior a la de los adultos a la hora de conectar. Ésta es una buena pista.
Piense en alguna vez que haya admirado un bello paisaje. En ese momento de hermosura sucedió algo mágico. La mente, su mente cotidiana y farfullera, se detuvo. Es como si la distancia entre usted y lo que veía, oía, experimentaba, hubiese desaparecido. Cuando la mente se calla, los pensamientos obsesivos sobre su pasado o su futuro desparecen. Todo su ser se dedica a la contemplación (en el ejemplo del paisaje). Se siente ligero, ilusionado, lleno de energía.
Estaba usted conectado.
Y en ese momento no existía un ambiente religioso en particular a su alrededor. Sólo un paisaje natural, el sonido del mar, la cascada de un río, o el viento susurrándole entre las hojas de los árboles. Es cierto que esta experiencia también puede ocurrir en momentos de exaltación religiosa, pero creo que es mucho más importante que sepa que antes que nada es una experiencia natural.
También le ha podido suceder al practicar un deporte extenuante, ante la mirada de un bebé, o al observar cómo juegan un par de gatitos.
La conexión con el todo ocurre durante nuestra existencia de forma natural y espontánea. Forma parte del proceso de nuestra vida, y, como toda experiencia, puede ser fomentada y practicada.
No es que tengamos que hacer “algo” para sentirla. Más bien sucede cuando dejamos de tener la mente obsesiva dando vueltas y vueltas a nuestros problemas. Así que no es un proceso de hacer, sino de permitir. ¿Entiende?
Una vez que sabe, a través de su experiencia, como se siente el conectar con el todo, también entiende de primera mano la poderosa Fe espiritual que ha generado.
Ahora comprende.
Si quiere una práctica, o una receta mágica que pueda ayudarle, voy a proponerle un ejercicio sencillo.
Recuerde que yo no puedo enseñarle el camino. Ni se me ocurre, porque eso no es posible. Pero me atrevo, con su permiso, a señalarle de manera indirecta por dónde va el sendero.
Levántese muy temprano por la mañana. Muy temprano quiere decir a eso de las tres o las cuatro de la madrugada (nadie ha dicho que esto iba a ser fácil). Salga al balcón de su casa (si eso es posible) o incluso, si su ciudad no es peligrosa, camine por su barrio. Disfrute de las sensaciones que le ofrece la ciudad que duerme.
Escuche el sonido del silencio. Sí, sí, he escrito bien. Escuche el sonido del silencio. Disfrute de la belleza a su alrededor.
Es posible que ocurra.
Gracias a todos por estar ahí fuera conectando a través de la pantalla de su computadora.

martes, 17 de abril de 2012
HUMILDAD
Un saludo a todos de todo corazón.
Se me ha pedido una reflexión sobre la humildad, y me gustaría enfocarla respondiendo a la pregunta: ¿por qué una persona actuaría humildemente?
Lo primero que me viene a la mente son aquellas personas que utilizan la humildad como un refuerzo de su ego. Son humildades falsas que hay que descartar inmediatamente. Se hace lo que se hace con un objetivo, que es el ser valorado en la acción.
Es, por poner un ejemplo sencillo, quitarse un traje para ponerse otro, cuando lo que habría que hacer es ir desnudo.
El humilde falso busca el reconocimiento de los demás a través de su humildad, a través de su sufrimiento. Por desgracia en las templos budistas siempre hay una persona así, que pretende utilizar su actitud como ejemplo ante los demás. “Yo estoy más tiempo sentado en zazen” “Mis asanas son más dolorosas y permanentes que las de cualquier otro” “Yo soy el que hago el mayor sacrificio” Es una forma de obtener poder ante los otros, de que se les valore para que luego su opinión, sus juicios de valor, sean doblemente escuchados y tenidos en cuenta.
Es evidente que no hay que irse a un templo budista para encontrar actitudes como ésta, y en nuestro medio, eminentemente católico, encontramos ejemplos muy parecidos de falsa humildad, apego a una liturgia excesiva, y una tremenda facilidad hacia el juicio ajeno.
Así que este tipo de humildad queda descartada, y vuelvo a preguntarme: ¿Por qué una persona actuaría humildemente?
Una persona humilde, verdaderamente humilde, tiene que ser alguien muy sabio. Debe de haber aprendido secretos importantísimos sobre el funcionamiento de la vida. De hecho sabiduría y humildad suelen ir siempre de la mano.
No puede ser de otra forma. Allá donde usted encuentre soberbia significa que existe a su disposición todo un tesoro en ignorancia.
Cualquier vía espiritual que se precie de serlo debería llevarle directamente ahí, a la humildad verdadera. El Budismo es una de esos caminos abiertos a la sabiduría.
¿Y qué tipo de sabiduría es ésa? ¿Cómo podemos obtenerla?
Una persona sabia no es humilde porque lo dicta una ley milenaria, porque lo haya ordenado una divinidad, o porque sea lo más conveniente a nivel ético y moral. La humildad nace de su cordura y coherencia más absoluta al saber cómo funcionan las cosas.
La persona sabia realiza que las personas no somos entidades independientes, más bien todo lo contrario. Somos sistemas abiertos y dependientes de multitud de factores. La falta de cualquiera de estas piezas llevaría de inmediato al colapso del sistema, o dicho más sencillamente a la muerte.
Además el sabio comprende que no somos inmortales. La impermanencia existe en todos y en todo. Nos une como un lazo común, por lo que experimenta sus deseos y apegos de forma mucho más realista. Sabe que el tiempo es inexorable e indeterminado, así que no malgasta su aliento en iras, enfados, intrigas, críticas o juicios chismosos e infundados.
Tiene una tendencia natural a la gratitud universal. Si usted, querido lector, pretende aumentar un poco la verdadera humildad en su vida cotidiana, debería comenzar por este punto. En todo momento y en todo lugar siéntase agradecido por los dones de que disfruta. Lo normal es que esté habituado a fijar la atención en aquello que le falta… ¡grave error!
Fijarse en lo que le falta solo puede llevarle a situaciones de dolor espiritual, deseos no realizados, e incluso imposibles, y estados mentales muy negativos como al ira o la depresión.
Levántese por la mañana, un momento del día excelente para comenzar su práctica, y agradezca cada cosa en donde se posen sus ojos: su cuerpo por su belleza y la salud de la que disfruta (aunque no sea completa). Su habitación por ser confortable y abrigarle durante las noches heladas. Si tiene pareja agradezca su compañía, su amistad y su amor.
¿Hace falta que siga o ya sabe lo que hay que hacer?
La gratitud nos ofrece una buena perspectiva para fundamentar una verdadera humildad.
La gratitud también pasa por nuestros logros. Pongamos el ejemplo de la profesión. Podría creerme una persona muy importante si mi profesión fuese socialmente reconocida, y económicamente muy bien remunerada. Pero la persona sabia, y por ende agradecida, con rapidez reconocería el papel de sus padres y maestros que le dieron las facultades y enseñanzas para el ejercicio de su carrera. No se sentirían los hacedores de sus logros. Dicho de otra manera, no se sentirían merecedores de mérito por sus hazañas profesionales. Más bien sentirían que sus logros suceden a través de ellos siguiendo un largo camino de personas en las que se incluyen padres, maestros y ellos mismos.
Como si el universo entero conspirase para que cada acto sucediese en un determinado momento.
Es una sabiduría llena de hermosura y frescor. Agradecer con humildad, llenarse de sabiduría y dejar que el universo nazca a través nuestro. Mentiría si dijese que no me siento muy emocionado.
Y agradecido.
Gracias a todos por estar ahí fuera. Gracias, gracias y gracias.
