domingo, 22 de febrero de 2009

El amor del árbol.

Un saludo a todos de todo corazón.

Es curioso cómo en la lengua española cuando nos disponemos a expresar un sentimiento de amor utilizamos otro término. No solemos decir "te amo", sino "te quiero".
¿Puedes ver el carácter de posesión que llevan implícito estas palabras?.
"Te quiero".

En realidad, y esto está pasando aquí y ahora, en todas partes, lo que queremos decir es:
"Te quiero para mí. He encontrado en ti determinadas características que me son de vital importancia. Ni siquiera sé a ciencia cierta si las posees de verdad. O incluso que al final, eso que veo sea lo que necesito. Pero, independientemente de como seas, te necesito. Te quiero como objeto, porque obtengo mucho para mí. Es cierto que tú también me exiges algo a cambio, pero estoy tan excitado/a con conseguirte, que no me importa lo que me digas, lo que me pidas. Ya se verá".
Y está claro que se ve. La semana pasada se habló en los diarios de una estadística de un divorcio en España cada cuatro minutos. Independientemente de lo que podamos confiar en las estadísticas, la verdad está ahí a la vista, en nuestros familiares y amigos. Un divorcio cada cuatro minutos no nos parece exagerado, ¿verdad?.
Pero esto no trata del matrimonio. Ni del maltrato, ni de la infidelidad, ni de los hijos abandonados a su suerte.
Trata sobre el amor.
Hemos estropeado, a base de no saberla emplear, una palabra que tiene mucho por enseñarnos.
¿Qué es el amor?
¿Por qué decimos "te quiero" y no "te amo"?
Ayer por la tarde, hizo bastante calor. En el parque, me senté a la sombra de uno de esos grandes árboles. Las flores me regalaron su aroma. El viento fresco del atardecer me acarició. Y todo a mi alrededor hablaba de amor.
Una rosa, como dice la canción, es una rosa. Su función lleva implícito su olor. Y nos lo regala sin pedir nada a cambio. Sin querer o no querer. Una rosa es una rosa. No puede hacer otra cosa que amar.
El árbol me regala su cobijo, y bajo su sombra no experimento posesión. No me quiere para él. No me repudia de su lado. Incondicionalmente me ofrece lo que tiene. Porque un árbol es un árbol.
Ahora bien, si esto es así. Mi pregunta, que va dirigida a todos vosotros es:
¿Qué podemos dar entonces los seres humanos?
Al fin y al cabo, una persona es una persona.

¿Qué se está perdiendo en el proceso? ¿Cuál es tu verdadera función?
Ésta es una de esas preguntas que cualquiera que pretenda ser un auténtico ser humano debe meditar y contestar.

Entonces que así sea: ¡Meditad! ¡Contestad!
Gracias a todos, los que parecen y los que son, seres humanos, por estar ahí fuera.

7 comentarios:

mariola dijo...

Hola Luis Miguel:
Complicadas tus preguntas.
Hablas de amor, de amor incondicional, de sentimientos que se expresan y se regalan, sin esperar nada a cambio.
No vale el ejemplo del árbol ni el de las flores. Por supuesto regalan su sombra o su fragancia, sin retenerte, sin reclamar nada para sí mismas... pero, por qué interpretas que eso es amor?
Te da amor un árbol? O interpretas tú que recibes amor? Si sientes frío su sombra es amor? Si tienes alergia, la fragancia de una rosa es amor? Lo sentirías igual?

Alguien a quien aprecio mucho me agradece constantemente que comparta mi tiempo con él, lo interpreta como un gesto de amor, pero para mí el gesto de amor no es mío por compartir mi tiempo, sino suyo por su forma de apreciar el hecho de que pasemos algún tiempo juntos. Quien da mas amor ahí? Yo que paso el tiempo con el porque me resulta agradable y gratificante? El por su forma de agradecer mi compañía? Quien da más? Quién recibe más? Quien no pide nada?

Tampoco quiero decir que sólo demos amor cuando alguien lo recibe como tal, lo percibe como lo que transmitimos, porque seguramente entre lo que se da y el sentido con que pueda darse, y lo que otro recibe e interpreta, haya tal abismo que el amor se pierda en la sima.

Sólo es que creo que en el fondo, esa tan manida frase sobre que el amor mueve montañas es real. Si el amor preside mis actos, todo lo que recibo, de los demás, de la vida... como amor será interpretado, y ese mismo amor será quien guíe mis acciones.
Esperar algo a cambio???? Claro que sí. Esperaría contagios, pero tampoco voy a reclamarlos a nadie.
Muchísimos besos a todos.

Luis Miguel dijo...

Querida Mariola:
¡Qué alegría leerte!
En tus palabras se encuentran las respuestas que me pides.
Como habrás comprobado, todo está en la mente. ¿Entiendes?
¿Por qué hay que medir?
¿Quién tiene esa necesidad de mesurar quién da más o quién da menos?
¿Puedes ver al que mide?
¿Por qué lo hace?

Si siento frío, siento frío. Si mi cuerpo responde con una alergia, eso es un hecho biológico, pero por qué habría de teñir el hecho con un significado positivo o negativo.
¿Sería la rosa culpabe de mi alergia?
¿O sería una causa de la misma?
Las preguntas rondan sobre la misma idea, no pretendo confundirte, ni espero una respuesta. Lo que sería óptimo es que te respondieras a ti misma.
¿Quién tiene la necesidad de todo ese juzgar?
¿Es realmente necesario?

Pedro dijo...

Meditar, sí; contestar ya es más difícil.
Quizás la respuesta ya nos la dió el mismo árbol: ofrecernos sin más a los demás, a todo el que se nos acerque, sin pedir nada a cambio, sin esperar nada, sir pretender dar nada.

Un abrazo.

Luis Miguel dijo...

Querido Pedro:
Tu respuesta va bien encaminada. Ahora bien, sólo nos falta responder a una cosa: ¿Qué es lo que ofeeceremos?
Como seres humanos, ¿cuál es nuestra función primordial?

mariola dijo...

Hola de nuevo:
Tal vez me expliqué mal, por supuesto no se trata de medidas, de mas o de menos.
Intentaba decir que el árbol con su sombra y su cobijo es amor, pero también interpreto como amor el apreciar su amor.
Por eso puse el ejemplo de ese amigo. El interpreta como amor que yo pase tiempo con él, yo interpreto como amor que agradezca mi compañía. Todos dan y todos reciben y nadie pide nada, sencillamente ocurre así.
Hemos hablado muchas veces del odio, la rabia y los malos sentimientos. Si permitimos que aniden dentro de nosotros, pocas sombras de árbol nos darán cobijo y de las rosas sólo nos llamará la atención sus espinas.
Muchísimos besos a todos... y no creas que he terminado, le sigo dando vueltas a la pregunta que hiciste.

Juan Carlos Lozano dijo...

creo que como seres humanos: somos. y somos con lo que hay. como el árbol, exactamente igual. A veces te ofrece cobijo y sombra reparadora, y otras ramás que parecen muertas y un colchón de hojas secas. Asi, de la misma manera, nosotros solamente podemos ofrecer lo que somos. Si eligieramos, solo estariamos mezquinando. Porque elegír implica dar una parte y negarse a dar otra. Y no sería un darse completamente. Y sin un darse completamenente el amor no es verdad. Siempre aparece lo otro, lo que tratamos de esconder, y con ello, la decepción, el sentimiento de que te han estafado, el divorcio, la separación de cuerpos y bienes, etc, etc, etc.

El amor une ciertamente. Pero solo desde la más profunda sinceridad de ser. Bueno, eso se me ocurre pensar en este momento.

Un abrazo desde el otro lado del mar.
Juank.

Lidia M. Domes dijo...

Nuestra función como seres humanoses aprender a AMAR...

Con eso basta.

Porque el Amor es un acto sagrado que implica estar presentes, atentos, entregados a lo que la Vida nos pide...

Y va más allá del amor a otro ser humano, que también es posible...

Más bien es Amor a la VIDA, tal como ES.

Saludos,

Lidia