miércoles, 12 de marzo de 2008

El patrón inadvertido

Un saludo a todos de todo corazón.
Toda persona realiza una acción buscando dos cosas fundamentalmente: evitar el sufrimiento y la compulsiva persecución del placer.
Esta acción parte de un deseo formado en nuestra mente.
Una pregunta muy importante sería: ¿de dónde viene el deseo? ¿Cómo se crea?
Creo que todo el mundo estaría de acuerdo en que el deseo se forma apartir de los recuerdos, y éstos se producen por la interpretación de las experiencias que vivimos. Hasta aquí parece que todo está claro, ¿verdad?
Pero hoy quería llamar la atención sobre algo muy sutil, y a lo que he llamado "el patrón inadvertido". Se trata de esa programación a la que todos estamos expuestos, y de la que no hay vacuna, aunque afortunadamente sí tratamiento.
Porque estamos inmersos en una sociedad llena de mensajes, de patrones de comportamiento, que aceptamos ciegamente desde nuestra infancia. No pretendo hacer una teoría conspiratoria. Este océano de prejuicios es, como todo, cambiante, actualizable, y multifactorial. No se trata de una "mano negra" que intenta controlar a la manada, sino más bien un conjunto de ellas, que como el fenómeno de la moda, aparece y desaparece. Indudablemente hay quien se aprovecha de ello, así ha sido siempre. Y continuará ocurriendo mientras se lo permitamos.
Este patrón, además, conoce el lenguaje de nuestra mente. Por lo que sus mensajes siempre hacen diana, ya que nos dicen dónde se encuentra el placer, y cómo podemos evitar el sufrimiento. o dicho de otra manera: qué cosas nos harán felices y cuales infelices. Y por supuesto miente, ya que nada de lo que nos ofrece nos dará felicidad duradera, si acaso un poco de placer y al final más sufrimiento.
Y así nos dejaremos llevar, sin hacer examen de conciencia, creyendo saber qué hacer con nuestras vidas y a dónde dirigirnos, osea: un trabajo que nos otorgue fama, dinero, sexo, etc, etc...
Se me ocurre una pregunta: ¿cómo te sientes mejor, más pleno, y realizado, cuando consigues ese objeto de tu deseo, cuando te ves aplaudido, o cuando te emociona una puesta de sol, cuando estás con un grupo de amigos con los que te diviertes de veras?
La cura a este mal no es otra cosa que estar muy alerta, pendiente de nuestros deseos para no dejarnos llevar como autómatas por el hábito. Y hacernos preguntas. ¿Este deseo de dónde viene? ¿Me hará realmente feliz o sólo me estimulará el ego lo justo como para mantenerme en movimiento hasta el siguiente deseo? ¿Me estoy dejando llevar por un patrón normalmente inadvertido? ¿Esta acción me dará felicidad o un placer efímero? ¿Soy realmente feliz haciendo esto?
Las diferente religiones y tradiciones nos han estado alertando sobre este patrón, "estáis dormidos...despertad".
Gracias a todos por estar ahí fuera.

3 comentarios:

Pedro dijo...

Qué paradoja, precisamente el deseo que buscamos es el que provoca a la larga (o no) el sufrimiento del que tanto huímos.
Como decía Buda, el deseo y el sufrimiento son dos caras de la misma moneda, y ambos hay que aprender a afrontarlos y a controlarlos para que nunca nos dominen.
Me gustó mucho tu reflexión. Debería de llegar a más gente.
Un fuerte abrazo.

mariola dijo...

Hola... de acuerdo en lo que dices, creo que es muy cierto.
Pero hay algo que no comparto y es que las diferentes religiones nos alerten y nos digan que despertemos.
Tal vez sea así en las enseñanzas originarias de dónde parten las distintas religiones, pero una vez que se institucionalizaron como tales religiones, funcionan más orientando a la manada con un sistema de premios y castigos, salvaciones y pecados, convirtiendo esas enseñanzas en patrones.
Supongo que, en definitiva, todo depende de que sigas tu propio camino y no el que te marquen los demás... pero eso parte indefectiblemente de una premisa: pararte a pensar, saber qué quieres, a dónde pretender ir o no ir, cómo deseas andar, vivir. Esa será la única forma de escapar de esos patrones inadvertidos.
Muchísimos besos a todos.

marta dijo...

Mientras permanecemos dormidos, somos presos de deseos y frustraciones, es cierto. Solo en los momentos en que podemos despertar conocemos la verdadera libertad. Menudo trabajo diario.
Necesario como el agua y el aire.
Buen post. Besos!