miércoles, 16 de enero de 2008

"...porque está ahí..."

Hola a todos:
En 1923, George Mallory, uno de los mejores alpinistas de la época, se enfrentó a uno de los mayores retos hasta entonces conocidos por el ser humano... subir el Everest.
Era el tercer intento, y se realizaría al año siguiente.
Cuando le preguntaron el motivo por el que quería intentar semejante hazaña, sólo se le ocurrió una respuesta muy simple, pero a la vez muy compleja...
.... PORQUE ESTÁ AHÍ ....
Nunca descendió de esa cumbre y su cuerpo sólo pudo ser rescatado 75 años después. Nunca se supo si consiguió coronar la cima. El secreto se lo llevaron él y sus compañeros a la tumba.
¿Por qué nos planteamos retos? ¿Dónde queremos llegar?
Muchísimos besos a todos

4 comentarios:

Pedro dijo...

La ilusión es el motor de la vida. Cualquier proyecto que emprendamos en el que necesitemos poner toda nuestra ilusión, energía, habilidades, capacitación, etc., merecerá la pena, aunque éste pueda conducirnos a la muerte. De hecho, la vida misma ya nos conduce a la muerte, de modo que hacer ese camino aburrido sería todo un desperdicio.
Un fuerte abrazo para todos.

Natacha dijo...

Queremos llegar a nuestro interior. Lo malo es que, a veces, nos vemos frente al espejo, sin piel, sin maquillaje, solo huesos y músculos y nos nos gusta lo que vemos. Y nos ponemos como locos a buscar cosas por ahí fuera, cuando lo más hermoso está dentro de uno mismo.
Un saludo. Volveré.
Natacha (ylaluzsehizo)

Luis Miguel dijo...

Un saludo a todos de todo corazón. Gracias a Pedro (tus comentarios son ya una constante) y a Natacha (bienvenida).
Estoy totalmente de acuerdo con Natacha. Quizá el problema radique en la falta de aceptación del momento presente de cada uno, y en ese afán (al final tan destructivo) de buscar fuera de nosotros "algo". Diría aún más, fuera "temporalmente" de nosotros. Perdemos energía mirando hacia atrás y hacia delante en el tiempo, nos dejamos deslumbrar por las luces de neón, que perfectamente pueden tener forma de montaña.
Esa sensación de malestar, de desarraigo, nos empuja a coleccionar, a ritualizar, a desear, a casi cualquier cosa, menos a estar presentes en el aquí y ahora (lugar por cierto donde residen las maravillas y la vida).
Leí una vez que los seres humanos gastamos el 90% de nuestra energía en dos acciones fundamentales, la supervivencia y la reproducción. En nuestros tiempos, bien pudieramos decir en la seguridad (económica, de salud, de poder, sobretodo de poder y control) y en el sexo. Así que posiblemente la mayor parte de nuestra energía mental ande dando tumbos de una acción de estas a la otra, pero enfocado al pasado (sobretodo a lo que perdimos, a lo que falta) y al futuro (lo que podemos perder). Al final evitando el sufrimiento, cargándonos aún más de él.
Ay, me viene a la mente esa imagen de la mosca golpeándose contra el cristal una y otra vez...
Por supuesto que la felicidad está ahí al alcance de la mano. Está justo en nosotros, ahora, en este mismo instante. Y esta "droga" una vez probada, no desparece. No es como las fugaces ráfagas de ilusión o semi-felicidad que luego nos dejan tan entristecidos.
Esta felicidad que digo... perdura.

mariola dijo...

Creo que el ser humano conoce una ínfima parte de sus capacidades, ya sean mentales, ya sean físicas o de cualquier otra índole.
Me he encontrado muchas veces ante situaciones que jamás hubiera creído ser capaz de afrontar. Otras me he descubierto incapaz de afrontarlas, habiendo creído hasta entonces que no me superarían.
Conocer nuestros límites es casi imposible, pero no lo es acercarnos a un mejor conocimiento de nuestras posibilidades, por eso, al menos yo, me planteo retos.
Me gusta averiguar si puedo conseguir algo que me propongo, y eso no me impide disfrutar mucho mientras lo intento.
Mi felicidad no me la proporciona alcanzar un objetivo, sino el camino que día a día recorro.
Yo escalaría el Everest si me considerase capaz. Los motivos? no sé, pero porque está ahí, me parece una buena razón.
Tal vez el Everest sea el peor ejemplo para lo que intento transmitir, porque su ascensión es siempre una locura y lo prueba la cantidad de vidas que quedaron en sus escarpadas laderas y cumbres.
Un reto puede ser cualquier cosa, dejar de fumar, adelgazar por salud, o decidirse a escribir en un lugar como este.
Un reto es decidirse a dejar a un lado el miedo y empezar a vivir con plenitud.
Aunque no lo consigamos, su intento siempre nos habrá mejorado.
Muchísimos besos a todos.