miércoles, 23 de enero de 2008

La trompa del elefante

Un saludo a todos de todo corazón.
¿Quién soy yo?
Quizá sea una de las preguntas que el hombre se ha preguntado desde el principio de los tiempos. Una de las formas de poder afrontar semejante interrogante sea la aproximación desde la negación. Por lo menos es una de las maneras que la humanidad ha utilizado para otros conceptos.
Me explicaré.
Si observamos lo que dice la Real Academia de la Lengua Española sobre la palabra "materia", por ejemplo, encontraremos, entre otras, esta definición: lo opuesto al espíritu.
Claro que si consultamos a su vez la palabra "espíritu", ¿lo adivináis?, encontraremos: lo opuesto a la materia.
Vamos que nos ha quedado claro lo que es una cosa y la otra, ¿verdad?.
Así que si me pregunto ahora ¿quién soy yo?, podría usar la negación para intentar delimitar lo que NO es.
Podría decir: Yo no soy mi perro. Yo no soy mi casa. Yo no soy mi coche. Yo no soy Dios. Y así infinitamente, sin por ello acabar delimitando al final quién porras soy.
Si nos damos cuenta, es así como interactuamos muchas veces con tantas y tantas cosas. Muchos de nuestros conceptos e opiniones no son más que meras aproximaciones, muy deficientes y relativas. Tanto como el significado de la materia o del espíritu. Nos movemos en un mundo de significado muy inexacto, ¿no es así? Y no obstante pretendemos saber la verdad, entenderla, discutirla, defenderla y hasta morir por ella. Como aquellos tres ciegos que tocaron un elefante y discutían sobre la definición del animal según la experiencia de cada uno. "Es como una serpiente, pequeña", decía el que le agarró la cola. "No es nada pequeña, sino rugosa, fuerte y ancha", respondía el que le tocó la trompa. "Mira que estáis equivocados, es como un tronco de un árbol, tosco y pesado", dijo solemnemente el que se había abrazado a una de sus patas.
Y al final hubieran sido muy capaces de matarse por tener la razón. O peor, fundar alguna religión...
En fin.
Y al final de todo, ¿QUIEN SOY YO?
Pues no lo sé. Podría decir que soy una corriente de pensamientos más o menos interconectados, que acumula experiencias en forma de recuerdos, gracias a los cuales se engaña identificándose como entidad independiente y autónoma, y que tiene una relación de dependencia con un cuerpo humano.
Pero claro, podría estar agarrando nada más que la trompa.
¿Verdad?
Gracias a todos por estar ahí fuera.

3 comentarios:

mariola dijo...

Hola a todos:
Un diccionario debe dar una descripción a un concepto que no deje lugar a dudas, por eso no se aventuraría nunca a distinguir materia y espíritu en base a que se vea con los ojos o con el corazón, porque, evidentemente, el corazón no tiene ojos.
No seré yo quien se atreva a definir quien soy yo, quien eres tu o quien es nadie.
Y no lo haré porque nadie es nada concreto, nada es invariable.
Una cosa es lo que das y otra lo que recibo.
Una cosa es lo que sientes, otra lo que trasciende.
Una lo que transmites, otra lo que interpreto.
Uf, demasiado complicado. Para que era todo ese esfuerzo? Para qué saber quien soy yo, o quienes son los demás, si constantemente todo cambia?
Muchos invariables besos a todos.

Pedro dijo...

Me encanta tu posible respuesta a la pregunta que propones, aunque, como dices, puede que sólo estés agarrando la trompa.
Lo cierto es que muchas veces nos devanamos los sesos buscando respuestas imposibles: ¿Existe Dios?, ¿Vendrá la vida del espacio exterior?, ¿Dónde y cómo surgió la primera célula viva?... Y digo yo, ¿Qué más da todo eso? En vez de hacernos tantas preguntas sobre la vida deberíamos poner más empeño en aprender a vivirla (ésto no va por ti).
Un fuerte abrazo y hasta siempre.

Luis Miguel dijo...

Como bien dices, Pedro, vivir la vida, simple y llanamente, es la solución. Pero la triste realidad es que no lo hacemos. Vivimos, pero dentro de nuestras mentes. Osea vivimos de recuerdos, de planes, de ofensas, de deseos, pero no de VIDA.
Diría más, ¿qué es lo que denomináis VIVIR LA VIDA?
Un abrazo.