jueves, 25 de septiembre de 2008

Las puertas abiertas


Un saludo a todos desde el corazón.
Querido amigo lector:
Ayer se me planteó, por la noche, una cuestión que tiene mucho que ver con la compasión y con mis creencias budistas. Se sale un poco de la línea que estaba tomando con mis entradas anteriores, pero... ¡Qué narices!... ¿Verdad?
Una persona a la que quiero, y que sigue este blog con especial atención, me planteó una cuestión que no es necesario explicar aquí. Al escuchar mi respuesta quedó patente su "desilusión", ya que según me dijo, mi actitud no quadraba con mis escritos en este blog.
Por supuesto se puede decir que la interpretación de esta persona es eso, interpretación. Pero me entristece que alguien pueda sufrir por la idea que alberge de cómo un servidor se debería de comportar ante esto o aquello. Me gustaría aprovechar para explicar un poco el tema de la compasión.
La palabra compasión significa "acompañar". En budismo decimos que sentir compasión es sentir el sufrimiento de los demás como si fuera el nuestro propio. Es tratar el dolor de los demás como si fuese el de tus hijos o el de tus padres. Sentirlo y acompañarlo quiere decir que es un estado mental que nos auto-inducimos. Por supuesto este estado mental sólo nos trae beneficios. Uno de ellos es ver las cosas con una amplia perspectiva.
La misma perspectiva que me ayudó a pronunciarme como lo hice, porque una de las cosas que pienso antes de tomar una decisión es: ¿Cuántas personas se beneficiarán o perjudicarán por mi decisión?
Es una buena pregunta que merece una especial consideración:

¿Cuántas personas se beneficiarán o perjudicarán por mi decisión?

En el caso en cuestión mi respuesta fue muy prudente, ya que, mucho me temo, por querer ayudar a una sola persona puedo dañar a un conjunto de ellas.
Siento mucha compasión por la humanidad, por los marginados, por los pobres. Pero el sentido común me dice que dejar las puertas abiertas de una casa para que cada uno tome lo que quiera no es una buena decisión. Sobretodo cuando la casa no es mía, o pertenece a alguien más.
De momento dejaré abiertas las puertas de mi mente y de mi corazón. Ahí tengo amor y compasión de sobra para todos.
Gracias por estar ahí fuera.

4 comentarios:

Bacdiras dijo...

Y es que casi es inevitable no interpretar ¿verdad? Nuestra reacción ante los símbolos, las palabras, las acciones, no tiene por qué ser exactamente igual. A veces pensamos que alguien está interpretando cuando no opina como nosotros esperaríamos. ¿Quién sabe si todos nos equivocamos o todos acertamos en mayor o menor medida?
Lo que a nosotros nos sirve puede o no servir a otro, aunque tengamos buena intención al exponerlo. En fin... Podemos llegar a lo mismo de muchas maneras.

Un besillo.

Juan Carlos Lozano dijo...

Al hablar sobre diferentes temas, dificilmente los seres humanos nos comprendemos unos a otros. No solo por el significado que cada quién le otorga a la palabra recibida. Sino también porque la conversación puede darse en muy diferentes niveles de comprensión. Y lo que para algunos parece una idea estrecha, para otros es un idea amplia.

Nuestro lenguaje usual es demasiado vago e impresiso, para facilitar la comprensión. Es precisamente por esa misma razón que debemos comprender emocionalmente. Y sentir lo que nos están diciendo.

aun las palabras más atroces dichas con un sentimiento de amor, no serán mal interpretadas, si se reciben con el mismo sentimiento. En lugar de dispersarse en el sonido de cada una de las palabras. Es necesario buscar la escencia, tras la palabra.

Un abrazo
juank

mariola dijo...

Hola a todos:
Para variar me gusto tu entrada, amigo Luis Miguel.
Me gusta la gente con un corazón de puertas abiertas, y sabes por qué?
Porque como ya hemos dicho en muchas ocasiones, la tendencia natural del hombre es a sobrevivir y a evitar el sufrimiento...
Y claro, con esta premisa, abrir el corazón... compartir el dolor ajeno, acompañar al amigo o al desconocido en su dolor... es un acto de generosidad sublime.
He conocido mucha gente que actúa como los avestruces, escondiendo su cabeza para evitar enterarse del sufrimiento ajeno... "ojos que no ven..."
También he conocido gente que como tu, abren su corazón para con él abrazar a quien sufre y acompañarlos en sus momentos malos... y es cierto que, a quien es capaz de compartir lo bueno y lo malo, con el cercano o con el lejano, le es concedido el don de abrir su perspectiva, para recibir de la vida todas esas cosas importantes que no se ven, no se compran, y que sólo entiende el que las siente.
Muchos besos a todos desde mi corazón... con las puertas abiertas.

REIKIJAI dijo...

Luís Miguel… pienso que por lo que escribimos, muchas veces nos idealizan (“Contentar una situación de acuerdo a una necesidad, pero no real, sino ideal propio”.)(“La propensión a idealizar a alguien y a colocarle más cualidades de las que tiene. Todo sucede en la imaginación y en el corazón, la labor es descubrir las perfecciones que no existe. El fuego se enciende y la admiración da paso a la distorsión de la realidad”.); olvidando… que somos tan humanos… tan reales como ellos… idealizar no es bueno… jamás encontraremos situaciones, hechos o personas a nuestra medida… lo bueno seria encontrar el equilibrio. … y dejar a todos conformes… Utopía… quizás… ¡!! Te dejo un Beso. Silvi.