miércoles, 20 de agosto de 2008

Mi mente no es un ordenador

Hola a todos de nuevo:
He estado de vacaciones, dedicando mi tiempo a diversas actividades que poco o ningún tiempo me dejaron para escribir aquí.
Sé que entro un poco tarde al debate, que todo o casi todo está dicho, pero quisiera aportar mi granito de arena, mi opinión.
Uno de los recuerdos más nítidos de mi niñez es mi madre diciéndonos a mis hermanos y a mí, que pensáramos antes de hacer las cosas. Somos cinco hermanos, yo ocupo el segundo lugar, y los cuatro primeros somos muy seguidos, nacimos en un intervalo inferior a los cuatro años, así que es fácil imaginar que éramos bastante cabras y tenía bastante sentido esa frase de mi madre, harta de tanto susto después de las locuras que se nos ocurrían.
Pero ahora intentando definir qué es pensar, me viene a la cabeza aquélla frase suya porque cuando tienes cinco años y te planteas pensar antes de hacer algo, pensar en futuro, cómo lo haces?
Memoria…, imaginación… aún no distingues con nitidez los límites entre la realidad y la fantasía…ummm, me quedo sin lugar a dudas con la memoria, compuesta de nuestra vasta experiencia de una larga vida de… cinco años?? Y muuuchos consejos recibidos, en forma de diálogo o de amenaza (si saltas del árbol te vas a romper una pierna).
Porque cuando tienes cinco años y te piden que pienses las consecuencias que se pueden derivar de tus acciones, como por ejemplo saltar de un árbol, pocos conocimientos tienes ni de la fuerza de la gravedad ni de anatomía, (que en definitiva también serían memoria) con lo que sólo te queda recordar la amenaza de fractura que un día escuchaste.
Pensar debe ser intentar descubrir la verdad del mundo que nos rodea, sí, tal vez sea eso, aunque con razón decía creo que fue Pepito Grillo, que la verdadera esencia de las cosas es aquélla percepción que de las mismas tenemos, asumiendo claro está que esa percepción es tan variable como nuestro estado de ánimo, nuestra lucidez, etc, etc.
Pensar es aplicar las reglas de la lógica al mundo que nos rodea, o a lo que de ese mundo percibimos, pero debemos recordar que tanto sus premisas como las consecuencias que de las mismas derivamos provienen de nuestro almacén de memoria, y que dicho almacén no ordena por igual sus conocimientos y recuerdos, sino que los cataloga según en un pasado cercano o lejano, de forma consciente o inconsciente, fueron recibidos como gratos o ingratos.
Pero hay algo más. No somos un ordenador, ni me gustaría serlo. La mente no funciona con independencia del corazón, me explico. El género humano está en constante búsqueda de la felicidad. Unos la buscan fuera de sí mismos, otros en su interior, pero todos, absolutamente todos, la deseamos, la pretendemos. Y en esa búsqueda perenne clasificamos cada vivencia, cada imagen, cada sonido, olor o contacto, a cada persona, situación o paisaje, según nos haya aportado felicidad o sufrimiento, y así quedan guardadas en nuestra memoria. En resumen, se almacenan con un componente emocional que sirve para su final clasificación.
Puede que esas experiencias, propias e incluso ajenas, si alcanzan un determinado calibre, conformen las que Luis Miguel llamó formaciones mentales o prejuicios, y seguro que también son la base de nuestros miedos y en definitiva de todas nuestras limitaciones, que no son otra cosa que cerrar nuestra mente a esa parte del mundo que, equivocadamente, nos negamos a percibir y consecuentemente, disfrutar.
Todo esto que os cuento, en definitiva lo que pienso, podría acercarse a una definición si no tuviera la certeza de que mi mente tiene vida propia, y conoce el mando que activa el piloto automático, y cuando funciona así pierdo la conciencia de todo lo que sé y siento, y percibo lo que ella quiere transmitirme. Menos mal que, con el paso de los años, detecto ese piloto automático, lo desconecto, borro cuanto me hace llegar, y después de serenarme me digo: otro engaño de la mente, no creas todo lo que te cuenta.
Muchísimos besos a todos.

7 comentarios:

Luis Miguel dijo...

Un saludo a todos desde el corazón.
¡Qué alegría comprobar que has vuelto, plena de forma!
Una entrada excelente que me ha dado pie a plantear algunas preguntas. No sólo a ti, por supuesto, sino a cualquiera que quiera responder.
Dices que el pensar es descubrir la verdad del mundo que nos rodea, pero ¿en base a qué? ¿A lo que nos digan los demás en un principio? ¿En lo que va almacenando la memoria? ¿Y si los demás y la memoria están equivocados o son imprecisos, incorrectos?
¿Podemos fiarnos de la memoria como medio de reacción ante todo lo que el mundo nos ofrece, o su mecanismo debería utilizarse sólo en determinadas funciones?
Muchas gracias, amiga mía, por volver por éste que es tu blog.
Espero verte muy amenudo por estos lares, ya no sólo comentando lo que por aqui se cuece, sino regalándonos tus experiencias y tus inquietudes.

Pedro dijo...

Me alegro también por tu vuelta, ya se te echaba de menos.
Si hay algo de lo que estoy casi seguro es de que nuestra mente es una experta engañándonos, yo no me fiaría mucho de ella, porque sólo entiende de supervivencia y poco más. Aunque es cierto que enfocando correctamente nuestro pensamiento podemos descubrir cosas nuevas, y eso es ya un avance. Otra cosa es que sean reales o no tanto.
Un abrazo.

Juan Carlos Lozano dijo...

bueno, en principio quería contar que he visto en mi mente muchas cosas muy diferentes. recuerdos, fantasías, sensaciones, percepciones, conversaciones internas, ocurrencias del momento, etc. En cierto modo, he llegado a pensar que mi mente es como una gran ciudad, llena de cosas y de gentes moviendose sin cesar.

Claro que uno no puede decir, que una de estas cosas sea la ciudad misma. porque eso no es asi. Pero si puedo decir, que no toda actividad en mi mente es pensar. que mi mente cumple muchas más actividades cotidianamente que la de pensar. Que tiene por asi decirlo muchas funciones. Pensar es apenas una de ellas.

Repararon ustedes en este hecho?

un abrazo
juank

Luis Miguel dijo...

Un saludo desde el corazón.
Amigo Juan Carlos.
¿A qué tipo de actividades te refieres?
La mente puede imaginar, observar, crear, componer, aprender, calcular... ¿esto es lo que quieres decir?
Porque estos movimientos siguen siendo provocados por estímulos y basados en la memoria. De hecho la mente no puede trabajar fuera de ésta.
Hay otro tipo de experiencias que suceden cuando dejamos a la mente a un lado. Pero de lo que tratamos en este momento es de observar la mente.
Por favor, amplíanos tu comentario.
Gracias por estar ahí fuera, iluminando el camino.

Juan Carlos Lozano dijo...

Al observarnos a nosotros mismos con cierta regularidad, descubrimos que algo observa y algo es observado. Y que por lo tanto no somos uno, o una unidad. La ilusión de ser uno y siempre el mismo, comienza a diluirse. La idea del yo como centro del universo interior se debilita. Y vemos que estamos poblados, enormemente poblados.

que soy uno cuando estoy en paz, y otro cuando me enojo, un tercero cuano hace frio o llueve, un cuarto cuando el calor me afecta, un quinto si un pequeño contratiempo interfiere en mi rutina habitual de vida.

Ademas de eso recuerdo, y rememoro muchas cosas vividas. A veces tambien imagino y proyecto cosas a futuro, en base a mis recuerdos y mi experiencia pasada, o delineando nuevos rumbos al crear vinculos enteramente nuevos.

Tambien tengo datos de mi experiencia sensoríal, de mi intra cuerpo, olores, impresiones visuales o auditivas, tactiles, etc.

Todas estas actividades y registros de mi consciencia se lleva a cabo dentro de un escenario mental que como un trasfondo permantente, les da cabida y posibilidad de vincularse.
No son hehos aislados. Forman parte de uno mismo, se relacionan, interactuan, y van construyendo una arquitectura mental dinamica que siempre nos acompaña.

No habo aqui, de experiencias de no mente. sino de la experiencia de observarse a si mismo, o de hacerse consciente de si.

un abrazo desde argentina
juank

Luis Miguel dijo...

Querido amigo Juan Carlos.
¡Qué fantásticos tus comentarios!
Aunque mi próxima entrada vaya a abordar el tema del yo, me gustaría comentarte una cosa.
Es, precisamente el hecho de existir observador y observado, donde se encuentra la problemática de la cuestión del ego. Hay un centro, el observador, que provoca todo un espacio a su alrededor. Y es en ese espacio donde se producen todas esas actividades y registros que comentas. No quiero establecer ningún tipo de dogma, y sé que en mucho de lo que hablamos, lo que nos diferencia no es más que la forma de denominar las cosas. Al final estamos refiriéndonos a lo mismo, sin duda.
Gracias por estar ahí fuera

SoL LuNaR dijo...

LuZ