lunes, 25 de agosto de 2008

El árbol del koala

Hola a todos:
Hace pocos meses, seis o siete mas o menos, conocí a alguien muy especial, con mucha experiencia de vida para su edad, con ideas muy claras y con un inmenso corazón., un alguien especial que me hace pensar muchas cosas, con quien en poco tiempo he mantenido largas conversaciones que me han inspirado varias de las entradas que aquí he escrito.
Por razones que no viene al caso exponer, hace poco estrenó piso después de pasar varios meses en un lugar que no era el suyo. Estaba deseando volver a sentir la tranquilidad que te da tu sitio, tu entorno. Ordenar sus cosas, su vida.
Para todos es importante tener un lugar que sientas tu casa, tu refugio. Y no hablo de nada material, aunque a algunas cosas les hayas cogido verdadero cariño. Intentaré explicarme con más detalle.
Ya hemos hablado alguna vez en este blog de que no somos entes individuales, todos estamos relacionados, vinculados, intercambiando de forma constante energía e incluso materia. Me duele el sufrimiento ajeno, me alegra la felicidad de los demás, se contagia el estado de ánimo, estamos en plenitud al compartir…
Incluso para aquéllas personas, como mi amigo, para quienes las cosas materiales son sólo cosas, prescindibles, sustituíbles, todos precisamos ese entorno seguro y propio, nuestra casa, nuestro refugio, aunque constantemente lo abramos y compartamos con nuestros seres cercanos.
Quién no ha regresado alguna vez de un maravilloso viaje y al abrir la puerta de su casa ha exclamado MI CASA!!!! Como E.T., pero sin el dedo rojo. Creo que todos.
Ese refugio que es nuestro hogar, puede ser un habitáculo de veinte metros, oscuro y casi sin muebles, da igual porque es el nuestro. Es el lugar dónde guardamos en una caja las fotos, los viejos libros que siempre nos acompañaron, el jersey de mas de 20 años que nos negamos a jubilar, la almohada a la que tantas cosas hemos contado.
Ese refugio es ese espacio, nuestro espacio, ese que reclamamos como propio y al que nos retiramos cuando algo nos entristece para llorar a solas. Es el lugar donde hallamos esa paz, que a veces parece resistirse y que allí parecemos encontrarla con mayor facilidad.
Y lo que me pregunto es… si no somos individuales, si todos estamos relacionados… por qué esa necesidad del propio espacio? Si como dijo Jhon Donne “ nadie es una isla completo en sí mismo…” por qué esa necesidad de aislarnos?
Lo que no voy a contar es por qué esta entrada lleva este título, sólo diré que es una especie de homenaje a alguien realmente especial.
Muchísimos besos a todos.

8 comentarios:

Juan Carlos Lozano dijo...

creo que somos una ola en el mar. Tenemos nuestra pleamar y nuestra bajamar. nuestro momento social y nuesto momento intimo. Vamos para hablar, volvemos para pensar. Venimos para prepararnos , salimos para actuar.

Pienso que es como una extraña y maravillosa danza de la vida. Actuamos, dormimos. Vivimos , descansamos. Como el latido de un corazón.

Y por eso necesitamos tanto nuestro espacio propio, como nuestro lugar en el mundo.

un abrazo
juank

Juan Miguel dijo...

La respuesta está en algunos de los post anteriores, sobre la mente, los egos... y el obvio APEGO que tenemos a las cosas, aunque sean insignificantes, por eso seguimos siendo individualistas o teniendo apegos necesitamos seguir creciendo, se termina tu apego o tua apegos y eres libre no hay nada que te retenga, quiza por eso estamos pegados en este mundo, no lo soltamos, son muchos apegos...
Saludos.

Luis Miguel dijo...

Un saludo a todos desde el corazón.
Un dato curioso: Diversos estudios demuestran que diferentes animales necesitanm de una cantidad de espacio físico individual para vivir. Cuando este espacio se comprime los animales aumentan progresivamente su grado de agresividad.
Eso da mucho que pensar sobre la situación actual de los seres humanos.
Escuché una vez que en la India, un hombre se lamentaba de su penosa situación familiar. En un apartamento de dos habitaciones vivía con su mujer, tres hijos y su suegra. Un día el Maestro le pidió que cobijara en su casa a dos estudiantes, una mula y unas gallinas durante unos pocos días. Luego de una semana, la situación volvió a la normalidad. El Maestro le preguntó: "¿cómo van las cosas por tu casa?"
"De maravilla", respondió el hombre aliviado, "no puedes imaginar qué tranquilidad, cuánto espacio..."
Gracias a todos por vuestros comentarios.

Pedro dijo...

Creo que la intimidad no está reñida con la sociabilidad. Todos necesitamos ese grado de intimidad necesario, unos más otros menos, para poder seguir (o buscar) nuestro propio camino.
Jesucristo se fue al desierto, otros buscan refugio en la montaña... nosotros tenemos nuestro hogar.
Un abrazo.

sky-walkyria dijo...

cuanto mas tu mismo eres (no tus cosas, no tus creencias...), mas eres los demás...

Janeth dijo...

Hola, muy bonito escrito, me alegro por el homenaje a tu amigo, es lindo tener alguien asi, que le inspire a uno, es verdad que todos estamos relacionados de alguna manera, es cierto tambien que estamos diseñados para compartir, de nada sirve tener muchas cosas si no tenemos con quien compartirlas, ,mas nuestro espacio nuestra casa es el lugar que como bien dices es el lugar propio, especial donde llegar despues de una larga jornada.
Saludos y felicidades por tu lindo blog
Janeth

Jamyang bj dijo...

Hay personas que por motivos de trabajo, pasamos la mitad de nuestras vidas fuera de nuestras casas y la naturaleza nos fortalece, convirtiendo nuestros cuerpos en auténticos y maravillosos refugios de seguridad y calidez, donde encendemos nuestras velas para alumbrar nuestros espíritus.

Me gusta leerte.
Gracias

Bacdiras dijo...

Me ha encantdo lo que has escrito y te voy a agregar en mi recién nacido blog.
Por otro lado, creo que no se puede establecer una regla general en estos asuntos, teniendo en cuenta que, aunque todos somos humanos y tenemos cosas comunes, no somos exactamente iguales.
El otro día lo hablaba con un amigo. Él por ejemplo necesita estar con gente todos los días y ocasionalmente estar solo, mientras que yo soy lo contrario. Eso no quiere decir que no necesite del contacto con los demás, sino que puede que en menor medida.
Cada cual halla SU equilibrio.
Un saludo