
Un saludo a todos de todo corazón.
A todo el mundo le encanta discutir.
Y me pregunto: ¿qué es discutir?, y mejor aún, ¿qué parte de una persona interviene en una discusión? ¿Por qué lo hacemos?
Si quiero aproximarme al tema de una manera más general, o más al estilo de los actuales libros de "autoayuda", debo decir que parece que todo es una cuestión de competición por la energía. Quien gana obtiene y quien no gana la pierde. De alguna manera todos hemos sentido el "bajón" de ánimo tras haber discutido acaloradamente. O el "subidón" tras haber derrotado dialécticamente al contrario con nuestros poderosos argumentos.
¿Pero realmente hemos ganado algo?
Diría que no, pese a las apariencias.
Desde el punto de vista budista cualquier discusión se produce por el apego que le tenemos, por ejemplo, a cualquiera de nuestros puntos de vista.
Con apego quiero decir que hemos realizado una identificación y personalización del argumento que sea, haciéndole parte nuestra. Tan nuestra como cualquiera de nuestros órganos. Y sentimos la discusión como si quisieran extirpárnoslo violentamente.
Y por supuesto lo defendemos con uñas y dientes.
Podemos ganar o perder la discusión, pero tenemos que tener claro un pequeño detalle:
Si hemos ganado o perdido ha sido por la fuerza.
Son muy pocos los casos en los que nos sentimos convencidos.
Porque un segundo después de la discusión, nuestro apego vuelve a surgir y aunque sea entre dientes, volvemos a argumentar "sí, sí, pero..." o "vale, pero no tiene razón porque..."
¿Tan fuerte es el poder de nuestro apego?
Desgraciadamente sí.
Si tenemos curiosidad y leemos las biografías de algunos criminales, como Alcapone, Charles Manson, por ejemplo, veremos que pese a sus crímenes, a veces horrendos, años después de encarcelados, siguen justificándose y viéndose a sí mismos como víctimas de malas interpretaciones, o equivocaciones malintencionadas.
Ése es el poder del apego.
Además tampoco debemos olvidar que si usamos hábilmente las palabras, cualquier tema que nos propongamos puede ser discutido en uno u otro sentido. Siempre podrán aparecer prós y contras.
El Sexto Patriarca Zen, Hui Neng, había cultivado su habilidad para poder rebatir cualquier dogma budista que sus alumnos le planteasen, y así poder enseñar lo relativo y resbaladizo que es el uso del intelecto y las palabras.
Y por supuesto eliminó el discutir por discutir como práctica de nuestra escuela.
Así que visto lo visto, si surge el apego no podremos convencer a nuestro interlocutor, porque éste apego se interpondrá poderosamente. Dejará de escucharnos para dedicarse únicamente a escucharse a sí mismo y defenderse sea como sea.
Si tengo más autoridad o poder que él, me dejará ganar simplemente callándose, asintiendo... Pero si el poder lo tiene él, acabará haciéndome lo mismo a mí y callaré cabizbajo susurrando "ok, vale, sí"... pero por dentro, "sí pero..."
¿Cuál sería entonces el arte de la discusión?
Acepto sugerencias.
El debate está servido.
Gracias a todos, discutidores o no, por estar ahí fuera.