jueves, 30 de octubre de 2008

Nuestro potencial

Hola a todos:
Siempre estuve convencida de que somos mucho mas de lo que creemos, aunque a veces, equivocadamente, nos creamos mas de lo que somos.
Cuando digo somos mas, me refiero a que nuestras capacidades son casi ilimitadas, y aunque no lo sean realmente, utilizamos un pequeño porcentaje de nuestro verdadero potencial.
Esto es aplicable a casi todos los ámbitos: nuestra inteligencia, nuestra memoria, nuestras posibilidades de regeneración, nuestra capacidad de amar, de sufrir, de disfrutar, nuestra fuerza, nuestro deseo, nuestra imaginación, nuestras posibilidades de crecer, y las de destruir, etc, etc.
Pero, en definitiva, soñar, creer, crear, luchar, conseguir, sólo nos llevan a un único punto, a un objetivo, que no es otro que crecer, y para llegar a crecer, por fuerza, sin remedio, hay que equivocarse, una y mil veces, y otra mas.
En el último vídeo de Luis Miguel, decía que cometer errores es inevitable y que no pasa nada, siempre y cuando aprendas de ellos y no vuelvas a cometerlos una y otra vez.
Así que yo, que soy muy obediente, tras escucharle, hice una retrospectiva y me encontré con muchos de mis errores o con aquéllos que en su día fui capaz de reconocer como tales, que no todos tuvieron tal suerte, o no al menos, en su primera aparición.
Y pensé... qué aprendí de ellos? me ayudó en algo equivocarme? conseguí no repetir ciertos errores?
La respuesta, evidente y honestamente, es rotundamente no. Repetí errores, claro que si, porque aún dándome cuenta de cuanto me he equivocado, cada conducta, cada movimiento, cada sensación, cada pensamiento, fueron concebidos en un espacio y un tiempo distintos y diferentes, como diferente y distinta soy yo a lo largo del tiempo, incluso a lo largo del pequeño trozo de tiempo que ahora mismo le robo a mi trabajo para escribir estas líneas.
Significa eso que no aprendí? También digo ahora rotundamente que no. He aprendido de absolutamente todo lo que he vivido, desde el primer momento en que respiré, incluso antes.
Con los años descubrí que en las situaciones límite ponemos mucho mas de nuestro potencial al servicio de nuestra propia vida. Tendemos a funcionar en piloto automático, por inercia. Los grandes acontecimientos de nuestra vida, sean buenos o malos, actúan como revulsivos y desconectan ese piloto que nos hace funcionar. Descubrimos entonces asombrados que podemos resistir lo impensable, que tenemos una fuerza insospechada, y se nos ocurren ideas en una mente que considerábamos dormida.
Mi mayor error y seguro común a la mayoría de los mortales, es permitir que ese piloto automático vuelva a conectarse. Quizá cada vez menos, tal vez, poco a poco le esté ganado la partida.
El piloto automático tiende a economizar... pensar poco, sentir menos, mirar poco, ver nada, escuchar lo mínimo... sobrevivir. Ni sientes ni padeces.
No quiero vivir en piloto automático, no quiero ver la vida que pasa ante mis ojos como si fuera al cine.
Quisiera recordar lo que sentí en esos mis grandes momentos, los revulsivos, para utilizar mas potencial, no sea que al final se quede permanentemente dormido y ya no logre despertarlo.
Muchísimos besos a todos

1 comentario:

Pedro dijo...

Una reflexión muy acertada, Mariola. De ahí la importancia de vivir el momento actual como si fuera único; todos tenemos una rutina que sobrellevar, es normal, pero creo que no es lo mismo llevar una vida rutinaria que dejarnos vencer por esta rutina.
Tú lo has planteado de forma magistral, no merece la pena que yo entre en más consideraciones.
Un fuerte abrazo.