sábado, 24 de mayo de 2014

CAPÍTULO PRIMERO

Un saludo a todos de todo corazón.

Hoy les ofrezco el primer capítulo del libro sobre la Desprogramación Cerebro Emocional en el que estoy trabajando.

Espero que les resulte interesante.



Capítulo Primero

¿Qué es la Desprogramación Cerebro Emocional?



            Sólo atendiendo a su propio nombre, la Desprogramación Cerebro Emocional, o DCE, parece una nueva técnica psicológica y terapéutica.
            Pero en realidad es algo más.
            Se trata de una manera distinta de pensar en cómo se producen las enfermedades. También implica el estudio de la forma en que gestionamos nuestras emociones. Nos hace cuestionar incluso el concepto de libre albedrío.
            Y a pesar de todo esto, todavía va más allá. Representa un salto gigante hacia la evolución en las capacidades de respuesta del ser humano ante el entorno.
            En la historia de la humanidad, distintos maestros espirituales han intentado transmitir el mismo mensaje a través de religiones que fueron perdiendo su esencia con el pasar de los años.
            Lo que nadie tiene duda es que nuestra existencia se ha convertido en un calvario debido al estrés y al miedo. La población humana ha crecido hasta 1000 veces en pocas generaciones. La esperanza de vida ha aumentado casi hasta duplicarse, lo que ha generado a su vez un grupo nuevo de problemas que hace un siglo no existían. Sufrimos  una mayor dificultad a la hora de encontrar empleo, y tenemos la obligación de conseguir una serie de objetivos socialmente impuestos, como un determinado nivel económico, y posesiones atractivas. Hasta nuestro cuerpo debe encajar en unos cánones de belleza,  juventud y fuerza.
            Invertimos una cantidad abusiva de tiempo y esfuerzo para intentar que nuestra "buena vida" se mantenga dentro de una efímera estabilidad.
            Un martirio en el que nos debatimos entre el miedo a perder lo poco que hemos conseguido y un estrés insoportable ante las metas que se escapan. Se nos ha olvidado cómo y cuándo decidimos que gastaríamos nuestra salud y estabilidad mental en alcanzarlas.
            ¿Y a dónde nos lleva todo esto?
            A la innegable sensación de aislamiento. Una soledad que a su vez se hace insoportable.
   Perdemos la perspectiva de la realidad de las cosas que atañen a la naturaleza a la que pertenecemos como seres portadores de un cuerpo biológico. Un cuerpo maravillosamente vivo.
            Perdemos el contacto con aquello a lo que llamaré desde ahora la Fuente. Pongan el nombre que deseen. Fuente, madre naturaleza, o dios, estos son sólo palabras que apuntan a algo que se siente desde nuestras entrañas.
            Si queremos usar el intelecto para comprender, lo convertiremos en un concepto, en algo tangible de lo que se puede discutir, en un entretenimiento de sobremesa.
            Pero debe entenderse que este sentimiento de desconexión, de soledad profunda, va mucho más allá de una teoría o de una opinión. Se vive mucho más profundamente que el significado de un puñado de palabras.
            Así que sólo y aislado de todo, el hombre se preocupa por sí mismo, e ignora el resto de vida que bulle a su alrededor. Incluso cree observar en la naturaleza patrones que confirmen su pesimismo. "Los animales luchan por la supervivencia" se dice, "es la supremacía del más fuerte".
            Así que la sociedad se expande sobre este paradigma basado en la competitividad. En el de "todo vale" para conseguir metas, incluido el pasar por encima de los demás. Que "todo lo que merece la pena se consigue con esfuerzo y dolor", "no pain no gain", y que "quien bien te quiere te hará llorar".
            Como estamos solos y abandonados, a expensas de nuestra fuerza y crueldad para poder sobrevivir en un mundo de depredadores, no nos preocupamos por la coexistencia de las especies, por el equilibrio natural de la vida, ni siquiera por la destrucción que generamos en el planeta que nos acoge, el medio ambiente del que dependemos, e incluso nuestro propio cuerpo.
            Las enfermedades también han evolucionado mostrando un aumento significativo de las afecciones mentales.
            La depresión o el "trastorno depresivo mayor" se ha convertido en la primera causa de muerte y discapacidad en el mundo. Se estima que su gravedad afecta a una de cada diez personas, y causa un millón de muertes al año.
            La ansiedad, que podríamos definir de manera simple como un estado temporal o continuado de miedo, afecta con una tasa mucho mayor. Esta pandemia puede dañar seriamente a más de un 20% de la población en algún momento de su vida.

            ¿Qué está pasando?
            Ocurre que el paradigma, el esquema, en el que basamos nuestra existencia está equivocado.
            Recuerde cuando se haya hecho una pequeña herida en la piel. Al poco la sangre dejó de manar, y una costra apareció para cubrir la brecha mientras se iba cicatrizando el tejido por debajo. Existen más de veinte factores necesarios para que ese proceso ocurra, así como el sacrificio de varios cientos de miles de células diferentes, como las plaquetas, para sanar una rozadura. Los glóbulos blancos, el ejército defensivo que lleva en su sangre, luchará hasta la muerte por evitar que una infección penetre por la herida y le afecte. Y eso en un corte insignificante para usted.
            ¿Dónde está aquí la supremacía del más fuerte?
            La Naturaleza rebosa de ejemplos en los que utiliza un sistema asociativo y de colaboración para su supervivencia, y no se rige por el paradigma competitivo y de destrucción en el que basamos nuestra manera de vivir.
           
            Se hace patente que necesitamos un cambio en el guión, un nuevo manual de instrucciones más acorde con la realidad.
             
            Por ejemplo, podemos considerar la evolución que ha tenido el concepto de qué factores son los causantes de las enfermedades.
            Apenas quinientos años atrás, una minucia insignificante si consideramos los cinco millones de años de humanidad sobre la superficie de la tierra, se le consideraba a dios como causante de cualquier enfermedad. En la Europa Medieval las dolencias se curaban dependiendo de la voluntad de este dios caprichoso. Rezar se convertiría en el único tratamiento posible, ya que a cualquier otro sistema sanador se le consideraba un pecado premiado fácilmente con la muerte en la hoguera. Nadie en su sano juicio iría en contra de la voluntad divina.
            A duras penas, sólo cien años atrás empieza a tomar fuerza un nuevo paradigma. Existen causantes externas de la enfermedad. Dios pierde su posición, y las bacterias, los virus y las alteraciones genéticas del ADN van ganando puntos.
            Sin embargo todavía hoy no le hemos ganado la batalla a la enfermedad, y visto como se colapsan los sistemas económicos, políticos, sociales, sanitarios y educativos, se evidencia la necesidad de un cambio evolutivo.
            En estas dos últimas décadas aparecen diferentes doctores y científicos con líneas de estudio coincidentes, que son la base de lo que llamo la Desprogramación Cerebro Emocional.
            En sucesivos capítulos de esta obra iremos haciendo un repaso a estos estudios y a la base científica que respalda esta nueva manera de abordar tanto la sensibilidad de un ser humano a padecer una determinada enfermedad, como al tratamiento de la misma una vez aparecida.

            Gracias a Descartes (1596 -1650), padre de la filosofía moderna y de la revolución científica, ha imperado en occidente una visión dualista de la realidad. Se dividió nuestro ser en dos partes distintas, una mente (o alma) y un cuerpo.
            Desde entonces hasta nuestros días se ha filosofado extensamente sobre cuál de ellas prevalecería sobre la otra. El poder del cuerpo sobre la mente (materialismo) o el de la mente sobre el cuerpo (idealismo).
            También se ha tratado de encontrar los puntos en común de ambas partes y como éstas se relacionaban.
            No obstante, gracias a los descubrimientos más recientes de la física cuántica encontramos que, lejos de confirmar el dualismo de dos partes distintas, será la unificación o no dualidad (tal y como describieron los místicos orientales desde hace más de 3000 años de antigüedad) la que se corresponde mejor con la visión que la ciencia nos describe hoy sobre la realidad.
            Haciendo esta enseñanza de la manera más simple posible, diríamos que en vez de poseer una mente y un cuerpo relacionados pero separados, la no dualidad nos presenta un sistema donde sólo hay una unidad mente-cuerpo indivisible.  Las dos partes que antes creíamos separadas están unidas hasta el punto de que una no puede existir sin la otra. Tienen una relación causa-efecto de dos direcciones, la mente existe debido al sustrato del cuerpo y viceversa, el cuerpo existe debido al empuje de la mente.
            Y es esta segunda relación la que es fundamental para entender la importancia de la mente en la génesis de las enfermedades del cuerpo.

            Pongamos un ejemplo muy sencillo.
            Cuando quiero arrancar mi coche, meto la llave en el sitio correcto y giro. Así lo he hecho desde el día que lo compré. Días, semanas y meses comprobando científicamente este hecho, que me han llevado lógicamente a decir: el coche arranca debido a la acción de la llave. Puedo incluso demostrar que no una llave cualquiera produce el encendido del motor. Sólo la adecuada pone en marcha mi coche.
            El problema surge cuando una mañana no arranca. ¿Dónde está el error? Si la llave está en buen estado, y la ranura donde debo introducirla también...¿qué está pasando?
            Afortunadamente aparece para ayudarme la figura del mecánico. Éste examina el motor y me descubre algo completamente nuevo. Existe una pieza llamada batería que tiene un papel fundamental en el sistema de arranque. Me cambia la batería y el coche vuelve a funcionar. Debo de cambiar mi visión sobre la realidad del coche. Es cierto que se pone en marcha cuando utilizo correctamente la llave, pero también necesita del buen funcionamiento de la batería o no andará.

            Algo así ocurre con la Desprogramación Cerebro Emocional y el funcionamiento  de la unidad mente-cuerpo indivisible.

            Antes pensábamos científicamente que las enfermedades aparecían debido a factores externos. Entrabas en una sala donde había virus de la gripe flotando por allí y la pillabas. No explicaba con claridad por qué no todo el mundo que entraba en la misma habitación sufría la gripe, ni por qué unos sufrían una leve molestia y otros una neumonía.
            En todo caso responsabilizaban de eso a las defensas del organismo sin saber muy bien qué las afectaba de tal manera, ni por qué los medicamentos que después se recetan para la gripe no están orientados a fortalecerlas. Era como hablar de la llave y de la ranura de encendido del coche.
            Ahora sin embargo aparecen nuevos conocimientos que nos hablan del papel fundamental de las emociones de la persona en la génesis de la enfermedad. Una determinada forma de tomarse la vida, de sentir (el papel de la batería en el sistema de arranque) determinará la disposición del cuerpo a "dejarse" invadir por los virus de la gripe, bajando las defensas, y cualquier otro sistema protector.

            Sabemos que los acontecimientos dolorosos, tristes, traumáticos, así como el estrés acumulado, no se pierden. Más bien se acumulan dentro de la unidad mente-cuerpo. Todas estas cicatrices emocionales provocan alteraciones en el cerebro, una especie de onda expansiva que trastorna los tejidos físicamente. Estas lesiones cerebrales se evidenciaron por vez primera en los escáneres cerebrales (TAC) realizados por Dirk Hamer, el fundador de la Nueva Medicina Germánica en la década de los ochenta.
Dependiendo del lugar donde se produzca la lesión, ésta repercutirá en una determinada zona del cuerpo, en un órgano o grupo de órganos, creando enfermedad.
            A esta relación entre emoción, cerebro y cuerpo se le llama triada biológica.

            La Desprogramación Cerebro Emocional toma su nombre de esta triada por la evidente relación entre el cerebro y las emociones. Pero debe de quedar claro que aunque en apariencia beben de fuentes similares, existen diferencias fundamentales e irreconciliables entre la Nueva Medicina Germánica y la DCE.

            Aunque estos temas se estudiarán en capítulos sucesivos, pondré un ejemplo de estas diferencias . Como he explicado, la DCE da un nuevo aporte a la información que se disponía sobre el origen, mantenimiento, y resolución de las enfermedades. Pero no implica que sea la única e irremediable manera de curarse. De hecho, aunque los resultados de su aplicación son muy efectivos (a veces increíbles), se considera un sistema más a sumarse al resto de tratamientos que ofrece la medicina tradicional.
            Considerando que la enfermedad es un proceso multifactorial, o sea que depende de muchos factores distintos, la DCE es un factor más a tener en cuenta. Con todo esto quiero decir que no reniega de los tratamientos aprobados por la medicina, todo lo contrario. Mejora su tolerancia y disminuye los efectos secundarios.
            Como en vez de un cuerpo y una mente separados vivimos a través de una unidad mente-cuerpo indivisible, a la hora de emprender un tratamiento, no deberíamos sólo hacerlo a nivel corporal físico. Se entiende la necesidad de un tratamiento holístico, que comprenda tanto la parte mental y emocional como la puramente biológica.

            Así que nunca estaría justificado tras la aplicación de las terapias emocionales de la DCE que una persona abandonase los tratamientos que le hubiesen sido propuestos por su médico. Sin embargo la Nueva Medicina Germánica postula que sólo y únicamente deben adoptarse sus resoluciones y que los pacientes deben dejar cualquier otro tratamiento médico o quirúrgico. Algo que desde ya indico que es ilógico, peligroso y francamente ilegal.

            Dicho esto, vamos a prepararnos para emprender el estudio de un tema apasionante.
            Un camino que llevará a conocernos con mayor profundidad. Aprenderemos a gestionar nuestras emociones, a entender y manejar los miedos, a tomar responsabilidad en nuestros pensamientos y acciones. Mejorará nuestras habilidades comunicativas, por tanto también las relaciones de la vida cotidiana.
            Y lo que para mí es de lo más importante: nos dará la oportunidad de ayudar a otros seres humanos a dar luz a sus emociones enclaustradas, a entender el sufrimiento y a  acompañarles en el proceso de su liberación.
           
            Porque si va entendiendo de qué va todo esto, no se trata de convertirse en un gurú sanador, ni en un medico de la nueva era. Simplemente el disponer de esta nueva información le ayudará a evolucionar hacia un ser humano más abierto, sano y feliz, que estará preparado a acompañar (que no a curar) a sus semejantes en su proceso de cambio y mejora interno y externo. Beneficiar a otros, colaborar, en vez de competir.
           
            Concordará conmigo que eso, en el mundo que vivimos, es un bien escaso y preciado. Quizá a veces se puedan comprar sonrisas, pero no la alegría y la paz verdadera. 
           
           
                       



1 comentario:

Mario De La Pena dijo...

Excelente este primer capítulo Luis Miguel, muchas gracias y ánimo con este gran proyecto.