viernes, 7 de agosto de 2009

La vida es amarga y dolorosa

Hola a todos:
Dice la Maestra que la primera Noble Verdad es que la vida es amarga y dolorosa… y sé que es cierto, muy cierto, aunque también sé que no para todos es igual de amarga y dolorosa.
Hoy he andado un camino que recorría a diario desde el instituto a casa, hace unos treinta años, y recordé aquéllos días de mi adolescencia en los que tomé la decisión de estudiar derecho y ser abogado.
Tuve muchas dudas entre filosofía y derecho, pero pese a que mi gran pasión por aquél entonces, fuera la filosofía, sabía que las salidas profesionales se reducirían a la enseñanza, por eso opté por mi segunda … no sé cómo llamarle, mejor os lo explico sin ponerle nombre.
Yo siempre tuve claro que la vida era amarga y dolorosa, lo supe desde los días a que mis recuerdos alcanzan, a veces saboreando la amargura de forma directa y otras siendo sólo testigo del dolor y el sufrimiento.
Nunca fui ajena a las desgracias de los demás y desde pequeña me rebelaba ante las injusticias. Siempre supe que, pese a esta vida amarga y dolorosa, ni mi papel ni el de nadie debía ser el de cruzar los brazos, creía hasta la médula en la posibilidad de un mundo mejor, mas justo, mas igualitario, hasta mas feliz para todos. Y, tal vez de forma ingenua, creí que como abogado podría ayudar a convertir este mundo en algo mas justo.
Lo cierto es que, tras mas de dieciséis años de ejercicio, no he perdido ni la ilusión ni la fe en que se puede lograr que este mundo llegue a ser mas justo y mejor, pero hace tiempo que albergo serias dudas sobre si mi papel como abogado puede ayudar en algo.
Hoy estuve de guardia y confieso que en muchas de las asistencias realizadas, sabía con certeza que para conseguir esa justicia que pretendo, debería haber estado al otro lado. Esto no me ocurría en los primeros años, en los que ilusamente creía todo lo que me contaban los clientes, a los que defendía con la misma fuerza y pasión que si de mis hermanos se hubiera tratado.
Pero ahora tengo otra óptica, muy distinta. Hace ya tiempo que considero que si mi ilusión sigue siendo conseguir un mundo mejor, tal vez no deba estar ya en un solo lado, en una sola perspectiva, que me obliga a veces a defender lo indefendible, sin posibilidad de objetar razones de conciencia.
Ya sabéis, todos tenemos derecho a una defensa, pero yo ya he perdido las ganas de luchar por tres clientes que pegaron una paliza a un chico por la única razón de tener la piel de distinto color, o defender a otro que niega haber pegado a su mujer con un cable explicando que siempre utiliza la correa.
Hace ya algún tiempo que pienso que llegó la hora de asumir un papel mas activo en ese deseo por conseguir un mundo mejor, aunque también implique otras decisiones y responsabilidades que hasta hace poco me negaba a aceptar.
No creo que la vida deje de ser amarga y dolorosa para nadie al dejar de ser abogado y empezar a ejercer como juez, pero supongo que me acostaré cada noche sabiendo que con mis decisiones, o aquéllas que resulten acertadas, habré contribuido a que quienes desprecian la vida o integridad de los demás, comprendan que toda acción produce una reacción, cada causa tiene un efecto, y que sólo de ellos depende que su vida y las demás sean mejores.
Me encantaría poder trabajar con menores, porque ellos, salvo casos aislados, son el producto de la poca o nula educación que les tocó en suerte, y tal vez estemos a tiempo de hacer de ellos gente de bien y provecho.
Sé que en verdad la vida es amarga y dolorosa, aceptar eso es esencial para apartarse del sufrimiento, encontrar la liberación, pero creo que sólo podré recorrer ese camino si consigo ser honesta a cada instante.
Desde un mal día, os deseo paz y felicidad a todos.
Muchísimos besos a todos.



3 comentarios:

Juan Carlos Lozano dijo...

Un mal dia lo tiene cualquiera mariola. Es como una nuve que pasa. Yo estudié sicología con identica ingenuidad. Y no está mal haberlo hecho, aunque hoy haya desistido de ejercerla, porque tengo otra comprensión de las cosas.

Pienso, en mi humilde parecer, que nada sustituye la consciencia. Que para cada persona es importante hacerse consciente de si mismo y de cuanto le rodea. Porque al hacernos conscientes, podemos elegir mejor, más inteligentemente. Y vemos también la necesidad de ponernos bajo reglas, éticas, morales o legales. La justicia, en la mayoría de los casos llega despues, un poco tarde. Cuando los hechos se han consumado ya, cuando surge lo irremediable, cuando el daño ya está hecho. Entonces cae la ley, la policia, el juicio etc.

Pero si cada uno de nosotros pudiera ser consciente antes, si hubiera recibido educación suficiente para darse cuenta, ¿cuanto daño podría evitarse? Porque con conocimiento y consciencia podríamos controlar nuestros impulsos, en lugar de dejarnos llevar por ellos. Eso, mi querida amiga, a veces la ley no lo logra. El asesino sabe que le pillarán, pero no deja de hacerlo. Yo creo, que los controles que vienen "de afuera" pueden darnos mucho miedo, pero no evitan nuestros actos. Lo unico que puede evitar un mal acto eficazmente es el control que viene "de adentro". Por eso creo que un mundo mejor, es necesariamente un mundo de gente conciente.

Por eso aprecio tanto también lo que vosotros estais haciendo. La maestra, luis miguel y tu, entre otros que no conozco. A no bajar los brazos, un mal dia pasa pronto, y uno queda.

te dejo un beso
juank.

Rev. Yin Zhi Shakya, OHY dijo...

Querida Mariola: ‘el mundo’ eres tú; y la reforma, como parece que la denominas comienza por ti [dices: no he perdido ni la ilusión ni la fe en que se puede lograr que este mundo llegue a ser más justo y mejor]. Todo es la mente. Es ahí donde parece encontrarse el mundo, pero todo es ella y la creación de ella. Practica y llegarás a ver, porque ‘ver’ es el propósito de la vida. La liberación es ‘ver’. Con todo mi cariño, La Maestra.

AC dijo...

La vida solo es lo que es. ¿Acaso hay diferencia entre "amarga y dolorosa" vs "dulce y placentera"?
Sólo la mente establece esa diferencia pero tú no eres tu mente. Quizás sea adecuado empezar a ver la vida sin identificarnos con nuestra mente.

Un saludo