
Un saludo a todos de todo corazón.
Muchas personas continúan defendiendo su pasado otorgándole una fuerte identidad. Cuanto mayor daño hayan recibido mayor es la inversión en identidad.
Había una vez un samurai que estaba orgulloso de las heridas que había recibido en combate. Defendía con firmeza que su valía y renombre crecía en proporción a sus lesiones. De tal forma que cada mañana al levantarse abría diligente los bordes sangrantes y arrancaba las costras. Claro que muchas veces el dolor, y cómo no el olor, eran casi insoportables. Sobretodo cuando había infección, lo cual sucedía amenudo. Pero se sentía orgulloso de cada latigazo doloroso o de la sensación de naúsea y vértigo que sufría con frecuencia.
Qué asco, ¿verdad?
Lo curioso es que la gran mayoría de nosotros actuamos de esta manera tan singular.
NO DEJAMOS QUE SE NOS CIERREN LAS HERIDAS DEL PASADO.
Volvemos a abrirlas una y otra vez, al igual que el pobre e infectado samurai. No nos molesta el precio tan alto que pagamos. Incluso en salud física.
Pero mira que nos gusta sufrir...
Más irónico es el comprobar que mientras leen estas palabras todo parece fácil y tiene mucho sentido. Pero dentro de cinco minutos (o menos) en cuanto alguien rasque un poco la superficie el proceso se disparará de forma totalmente incosciente. Y ahí exactamente está el meollo de la cuestión. Dejamos que nuestros pensamientos campen a su antojo. Hemos permitido que se creen una serie de hábitos mentales, algo así como pequeños programas de respuesta, que nos esclavizan a reaccionar hacia determinados estímulos siempre de la misma manera.
¿Que no es así?
Veamos, ¿Cómo reaccionamos ante un comentario en contra de nuestro equipo de fútbol favorito? ¿Por qué decimos siempre las mismas cosas en los entierros? ¿Por qué en nuestras relaciones sociales somos absolutamente rutinarios y predecibles?
Y nos reíamos del perro de Paulov (para los que no lo sepan el tal Paulov se dedicaba a tocar una campanilla antes de dar de comer a su perro. Demostró como el animal creaba una asociación entre la campanilla y la comida cuando a su mascota se le hacía la boca agua ante el tintineo aunque no llevara nada para darle de comer).
Hábitos, hábitos y hábitos. Uno de ellos el de identificarnos con nuestras heridas del pasado, de reabrirlas, amplificando y perpetuando el dolor.
¿Hay algo que podamos hacer?
Pues claro, pon atención a tu mente para que puedas identificar todos estos patrones. Sólo con el mero hecho de hacerte consciente de lo que sucede, sin esfuerzo, suele ser suficiente.
Atención,consciencia, ahí está la clave. ¿Y si no?...
Ya se sabe: "Tilín", "tilín" (sonido de campanilla)
Gracias a todos por estar ahí fuera.