lunes, 15 de junio de 2009

Charla "Depresión, Ansiedad y Estrés" en Lucena. PARTE 4

F.S: Ponemos nuestras expectativas en el futuro, “cuando tenga esto o lo otro…”, y cuando a veces hemos conseguido lo que nos proponíamos, cuando hemos llegado a la cima, ¿hemos sido propiamente felices?. Quizá nos hemos dicho: “no, todavía no soy feliz, pero es que me falta todavía una cosa, pero eso sí, cuando lo consiga….” Lo que ha dicho Juan es de gran importancia, todas esas cosas en las que ponemos tantos sueños e ilusiones son impermanentes. ¿Eso qué significa? 
(silencio)
F.S: Las cosas se deben a sus causas. ¿Verdad? Y ésta no es una opinión “budista” sino universal, entendida y comprobable por budistas y no budistas. Esta persona que está aquí sentada se debe a sus causas. ¿Cuáles son? Dos personas se unieron para reproducirse y de esa unión se produjo otro ser vivo, con su complejidad, su sistema nervioso, su mente pensante, todo eso interrelacionado que hace que haya un momento de existencia. Y si alguna de mis causas desaparece, por ejemplo si falla la función de mi cuerpo, esta persona desaparecerá también. 
Mis causas son temporales, no van a durar para siempre, por lo que esta persona como la están viendo ahora mismo, cambiará y acabará por desparecer. Porque así es la ley natural. Por eso digo que soy impermanente, ¿entienden?.
Las situaciones de la naturaleza, de nuestro universo funcionan de esta manera. Decimos “he montado un negocio”, y éste también se regirá por las mismas reglas, tendrá una fase de auge, una meseta y al final irá declinando hasta desaparecer. Todo esto siempre debido a sus causas. 
El problema nace de que creemos que podemos controlar todas ellas y predisponer de los resultados. Y es cierto que podemos tener cierto grado de control sobre algunas. Si cuido el cuerpo, es más difícil padecer enfermedades. ¿Pero eso me asegura juventud y salud? Pues realmente no. No puedo controlar todas las causas y por mucho que me empeñe, personas sanas y deportistas también sufren enfermedades graves y mueren.
Siguiendo con el ejemplo del cuerpo, al que tanto cuidamos, limpiamos, perfumamos y vestimos, ¿podemos controlar todas sus variables? ¿Alguien de esta sala controla sus riñones, o su páncreas? ¿Será que podemos decir, con la certeza con la que la hacemos habitualmente, que éste es mi cuerpo? ¿Que este cuerpo es mío?
Tengan cuidado, no pretendo llenar sus cabezas de conceptos nuevos e interesantes. Sólo es necesario crear un poco de duda, lo suficiente como para que puedan investigar por ustedes mismos. 
El cuerpo es una de esas cosas más a las que nos aferramos. Creemos que le poseemos completamente y que le controlamos. Y una mañana, cuando nos queremos dar cuenta estamos dentro de un quirófano. O algo peor. Quizá el hecho de enfrentar una intervención quirúrgica de envergadura sea una de las situaciones terroríficas a las que hay que enfrentarse alguna vez en la vida, ¿no? Desnudo, ante varios extraños enmascarados, con frío… y un señor al fondo de la sala que te mira al entrar mientras afila un cuchillo… (risas)
Siempre estamos con las miras en ilusiones, situaciones “externas”, que no podemos controlar completamente.
Con las personas nos pasa lo mismo. Pretendemos controlar, manejar, prever, sus reacciones y comportamientos. ¿Lo conseguimos realmente?
A lo mejor, a lo bruto, podemos someter a alguien. Pero ¿a qué precio?
Invertimos tanto amor, alegría, futuro, esperanza y vida de esta manera, sabiendo ahora que lo que vamos a conseguir a cambio es poco más que algún pequeño momento de placer y mucho sufrimiento y dolor. 
Nos falta saber una máxima que es fundamental: Y es que la felicidad y la paz existen aquí (se toca el corazón) desde siempre. Aquí dentro. Por no decir aquí (hace un gesto con las manos abarcando toda su persona). Quiero decir dentro de nosotros.
Ya que la mayoría de ustedes son católicos, ¿verdad? (muchos asienten), podríamos recordar las palabras de Jesús en el Nuevo Testamento, cuando decía que su reino estaba dentro de nuestros corazones. Buda expresó lo mismo, de otra manera, cuando dijo: “La mente originalmente es clara y diáfana. Se mancha con la presencia de corrupciones visitantes”.
Eso es como decir que de forma natural, nuestro estado mental debería de ser de felicidad. Como los bebés. Lo que ocurre es que luego tapamos esa felicidad con ese ruido mental, con todo eso de lo que hemos estado hablando antes.

(Continuará)




2 comentarios:

Pedro dijo...

Todo lo que deseamos ya lo poseemos, sólo es cuestión de ser conscientes de ello y saber tomarlo.

Un abrazo.

Ignacio dijo...

Queridísimo luis miguel:
Ya desde hacia algun tiempo que no te visitaba. Otra vez, lo conseguiste. Ya desde hacia algun tiempo que no sonreia tan conscientemente de que yo me lo provocaba a mi mismo, y que por lo tanto, yo era la causa suprema de mi felicidad. Tú solo me lo recordaste.
Soy universitario y radico en méxico. Últimamente he tenido exámenes y he andado sinceramente algo desinteresado por la felicidad, simplemente tratando de alejarme lo más posible de la universidad y de lo tansado que he estado ultimamente. Sin embargo he notado, que en mis ratos libres, he estado perdiendo mi tiempo, y ya desde hacia mucho tiempo (años) que no experimentaba esa sensación de estar "aburrido". Hacerme conciente de ello fue el primer paso, y el segundo fue que se me ha estado yendo la chispa por mi superación espiritual, por dejar de sufrir, esto ha mermado mis intentos por estar contento. Pudiendo forzar un poco más mi mente para seguir hablando conmigo (dios), vuelvo a la realidad. Un abrazo querido luis.