Hola a todos:
Hace unos días, ocurrió en mi ciudad un terrible crimen, de esos que saltan a las crónicas negras de nuestros periódicos, esos cuyos detalles, por macabros y morbosos, trascienden al público, de los que se comentan en la panadería, el estanco o la carnicería.
Pocos días después, la noticia se convirtió en algo más que una pesadilla, al descubrir que conocía de toda la vida al autor de ese horrible asesinato, alguien que estuvo mil veces en mi casa, yo en la suya, en la de su familia o en la de la mía…
Hace años la relación de amistad se distanció, estaba cambiando. Tal vez los excesos cometidos durante años, quizá las interminables horas de soledad en la cabina de un camión, durante los interminables viajes en el transporte internacional… tal vez, quizá… quién sabe qué pasó por su cabeza… quién puede siquiera imaginar lo que ahora, al cerrar los ojos cada noche, en la celda de la cárcel, pueda recordar, sufrir y penar.
No existe condena suficiente para paliar el daño causado. No existe prisión que algún día devuelva a esa familia el hijo que les fue arrebatado, ni a la familia del autor, la paz y tranquilidad que a la vejez se ganaron a pulso y su hijo ahora les ha robado.
Terrible mezcla de sentimientos. No puedo entender los motivos, porque ninguno existe, no puedo entrever ni remotamente los mecanismos de esa mente enferma y trastornada, pero se algo.
Sé que cada minuto del día y cada hora de desvelo, que serán muchas, aparecerá ante sí la imagen de su víctima. Sé que aparecerá ante sus ojos a cada instante el daño hecho, el sufrimiento de esos padres, los suyos y los del fallecido.
Será consciente en algún momento de lo que implica perder la libertad, valorara lo importante porque ya no lo saboreará en muchos años, ya no se bañará en el mar, no paseará una playa, no abrazará a sus amigos, si es que alguno tiene la suficiente compasión para ir a visitarlo a través de un cristal.
Hace unos días, ocurrió en mi ciudad un terrible crimen, de esos que saltan a las crónicas negras de nuestros periódicos, esos cuyos detalles, por macabros y morbosos, trascienden al público, de los que se comentan en la panadería, el estanco o la carnicería.
Pocos días después, la noticia se convirtió en algo más que una pesadilla, al descubrir que conocía de toda la vida al autor de ese horrible asesinato, alguien que estuvo mil veces en mi casa, yo en la suya, en la de su familia o en la de la mía…
Hace años la relación de amistad se distanció, estaba cambiando. Tal vez los excesos cometidos durante años, quizá las interminables horas de soledad en la cabina de un camión, durante los interminables viajes en el transporte internacional… tal vez, quizá… quién sabe qué pasó por su cabeza… quién puede siquiera imaginar lo que ahora, al cerrar los ojos cada noche, en la celda de la cárcel, pueda recordar, sufrir y penar.
No existe condena suficiente para paliar el daño causado. No existe prisión que algún día devuelva a esa familia el hijo que les fue arrebatado, ni a la familia del autor, la paz y tranquilidad que a la vejez se ganaron a pulso y su hijo ahora les ha robado.
Terrible mezcla de sentimientos. No puedo entender los motivos, porque ninguno existe, no puedo entrever ni remotamente los mecanismos de esa mente enferma y trastornada, pero se algo.
Sé que cada minuto del día y cada hora de desvelo, que serán muchas, aparecerá ante sí la imagen de su víctima. Sé que aparecerá ante sus ojos a cada instante el daño hecho, el sufrimiento de esos padres, los suyos y los del fallecido.
Será consciente en algún momento de lo que implica perder la libertad, valorara lo importante porque ya no lo saboreará en muchos años, ya no se bañará en el mar, no paseará una playa, no abrazará a sus amigos, si es que alguno tiene la suficiente compasión para ir a visitarlo a través de un cristal.
Aunque, en realidad, la libertad la perdió mucho antes. La perdió cuando perdió la autonomía suficiente sobre lo que su mente le dictaba y se dejó llevar. Y la perdió de por vida al hacerle caso, porque, desgraciadamente, conserva intacta esa memoria que, constantemente, le recordará lo que hizo.
Claro que, aunque tarde años en recuperar esa libertad que ha perdido, alguien, con tan sólo veinte años, lo perdió todo hace unos días, y lo perdió para siempre, por la enferma voluntad de una mente trastornada.
Claro que, aunque tarde años en recuperar esa libertad que ha perdido, alguien, con tan sólo veinte años, lo perdió todo hace unos días, y lo perdió para siempre, por la enferma voluntad de una mente trastornada.
Tengo estos días esa extraña sensación de inseguridad, causada por la incredulidad de que alguien a quien hace unas semanas hubiera jurado conocer, ahora descubro no saber nada.
Pero, a fin de cuentas, quien sabe nada? Seguro que él mismo, hace un mes, se hubiera considerado incapaz de hacer algo como lo que hizo.
Muchísimos besos a todos.

